Okawa y Kamaishi dejan lecciones sobre preparación ante terremotos en Panamá
La presidenta de AVACA plantea revisar los planes de evacuación de instalaciones públicas esenciales y dar seguimiento verificable a las correcciones. El balance preliminar nacional registra una persona fallecida y más de 38 mil afectadas.
Tras el terremoto del 9 de octubre, muchas personas se preguntan dónde estaban y qué hicieron, pero les cuesta precisar cómo debían actuar. La presidenta de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo (AVACA) sostiene que esa incertidumbre revela una falla anterior al sismo: la falta de preparación con instrucciones claras y conocidas.
La autora recuerda el tsunami del 11 de marzo de 2011 en Japón, que remontó el río Kitakami y arrasó comunidades alejadas de su desembocadura. En el distrito de Okawa murieron 418 personas, y en Kamaya cerca de uno de cada tres habitantes perdió la vida. En la escuela primaria de Okawa, 74 de los 108 alumnos murieron o desaparecieron, y también fallecieron diez integrantes del personal escolar.
Entre el sismo y la llegada de la ola transcurrieron unos 50 minutos. Los estudiantes fueron reunidos en el patio y, tras una espera, se trasladaron hacia una zona cercana al dique del río, donde el agua los alcanzó. Posteriormente se examinó la ladera detrás de la escuela como alternativa de escape. Las familias llevaron el caso a los tribunales, y en 2018 el Tribunal Superior de Sendai reconoció negligencia organizativa en la preparación previa. Ordenó a la ciudad de Ishinomaki y a la prefectura de Miyagi indemnizar a los demandantes, decisión que quedó firme en 2019.
Según la columna, el fallo establece que prepararse es una obligación verificable y exigible. Las escuelas deben planificar evacuaciones acordes con sus riesgos, y las autoridades educativas deben supervisar esa preparación y exigir correcciones. La autora advierte que un plan archivado puede cumplir un trámite sin proteger a nadie si no responde a las condiciones reales, no es conocido por quienes deben usarlo y no ha sido puesto a prueba.
En contraste, la columna describe lo ocurrido el mismo día en Kamaishi. Los alumnos de la secundaria Kamaishi Higashi y de la primaria Unosumai evacuaron juntos y se pusieron a salvo. Habían realizado simulacros conjuntos y, al detectar nuevos peligros, continuaron hacia lugares más altos, según documenta el Gobierno japonés.
En Panamá, el balance preliminar del Sistema Nacional de Protección Civil, con corte al 21 de octubre de 2026, registra una persona fallecida, 27 lesionadas y más de 38 mil afectadas. Además, reporta afectaciones en 619 centros educativos y 120 instalaciones de salud. La autora aclara que el fallo japonés no puede aplicarse automáticamente al país y que los daños, por sí solos, no demuestran negligencia. Propone preguntar quién evaluó los riesgos, quién verificó los planes y si se corrigieron las deficiencias conocidas.
Como propuestas, plantea comprobar la viabilidad de los planes de las instalaciones públicas esenciales y publicar el seguimiento de las correcciones, con responsables, plazos y resultados verificables. También sugiere identificar las medidas que funcionaron para conservarlas y extenderlas. La columna concluye que este trabajo debe mantenerse una vez que disminuya el temor, junto con la reparación de edificios.