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EDUCACIÓN

Un docente panameño denuncia trabas en su permanencia y prácticas de poder en su centro

Tras seis años de servicio, el reconocimiento de su permanencia sigue sin efectos económicos, mientras describe un ambiente marcado por halagos, protocolo y favoritismos.

Opinión BULLA, 9:00 p.m. · 2 min de lectura
Un docente panameño denuncia trabas en su permanencia y prácticas de poder en su centro

Un docente relata en un texto de opinión las dificultades que vivió en una institución educativa de Panamá, donde, según su testimonio, las relaciones personales pesaban más que los objetivos académicos. Quien firma el escrito dice que llegó con la intención de trabajar y desarrollar su vocación, pero encontró un ambiente en el que había que interpretar silencios, comentarios indirectos y simpatías para avanzar.

Según el relato, la figura de mayor autoridad en el centro parecía esperar reverencias constantes. El autor sostiene que el protocolo se extendía hasta la vestimenta en actividades culturales y desfiles, y que a veces esas formalidades parecían tener más prioridad que problemas institucionales urgentes. No menciona sanciones ni decisiones formales en ese sentido, solo su percepción de lo que observó.

El punto central de su denuncia es su proceso de permanencia. Después de seis años de servicio, el Ministerio de Educación reconoció ese derecho, pero la documentación no se reflejaba en la oficina encargada de formalizarlo, y el pago correspondiente seguía pendiente al momento de escribir. El docente comenta que en ese trámite circulaban rumores sobre quién debía firmar o quién tenía influencia, aunque admite que no todo podía comprobarse.

También cuestiona que un docente jubilado continuara como docente activo y percibiera dos ingresos, mientras jóvenes profesionales de su comunidad esperaban una plaza. El autor aclara que no discute el derecho a recibir ambos pagos, sino la falta de correspondencia entre esa remuneración y el cumplimiento de responsabilidades. Asimismo, describe a un representante gremial poco diligente ante las inquietudes del personal, aunque reconoce que no todos los dirigentes actúan igual.

El texto no detalla respuestas oficiales a estas acusaciones ni incluye pronunciamientos de las personas señaladas. Tampoco informa si el pago de la permanencia ya fue resuelto. Su planteamiento final es que la antigüedad merece respeto, pero no debe usarse como escudo frente a las responsabilidades, y que la representación gremial exige presencia, comunicación y transparencia.

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