Puertos, cultivos y urbanizaciones presionan los manglares de Panamá
El país busca restaurar 2,500 hectáreas para 2035, pero solo cerca del 37% de sus manglares tiene protección legal.
Panamá se propuso restaurar 2,500 hectáreas de manglares para 2035, en un momento en que la construcción de infraestructura, la agricultura, la ganadería y la acuicultura siguen presionando estos ecosistemas. El compromiso forma parte del Pacto de Panamá con la Naturaleza, que reúne metas nacionales sobre cambio climático, conservación de la biodiversidad y lucha contra la desertificación.
Según el informe Mobilizing the Mangrove Breakthrough in Panama, elaborado por la Alianza Global de Manglares y la iniciativa Mangrove Breakthrough, el país perdió cerca del 50% de su superficie de manglares desde 1969. El documento registra señales de recuperación moderada en los últimos años, aunque el desafío no se limita a recuperar zonas degradadas. También implica evitar nuevas pérdidas. La investigación identifica unas 3,404 hectáreas degradadas con potencial de restauración.
Las mayores presiones se concentran en las provincias de Chiriquí, Darién, Panamá y Veraguas, sobre todo en la vertiente del Pacífico, donde se agrupan la población, la infraestructura y las actividades económicas. La directora de la oficina en Panamá de Wetlands International, Maylley Cabrera, explicó que la construcción de grandes obras como puertos, los desarrollos turísticos y la expansión de zonas agrícolas, ganaderas y acuícolas provocan deforestación. Según indicó, esas actividades pueden eliminar áreas de manglar y contaminar ecosistemas cercanos.
Panamá cuenta con aproximadamente 184,000 hectáreas de manglar, cerca del 30% de la cobertura de estos ecosistemas en Centroamérica. Sin embargo, solo alrededor del 37% tiene algún tipo de protección legal, ya sea por formar parte de reservas privadas o del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Cabrera recordó que los manglares funcionan como barreras naturales frente a las inundaciones, función que cobra más importancia con el aumento del nivel del mar, sobre todo para las comunidades costeras.
En el país existen iniciativas de restauración en el distrito de Chame, en Panamá Oeste, y en las provincias de Chiriquí y Colón, donde organizaciones y otros actores trabajan en la recuperación de estos ecosistemas. Cabrera advirtió que cumplir las metas exige fortalecer la coordinación entre instituciones y comunidades, además de mejorar las herramientas de restauración. También se impulsan soluciones basadas en la naturaleza para recuperar las condiciones ambientales de las zonas degradadas.
El próximo hito será en 2028, cuando Panamá sea sede de la XVI Conferencia de las Partes de la Convención sobre los Humedales, conocida como Convención Ramsar. Wetlands International trabaja junto con el Ministerio de Ambiente en los preparativos del encuentro, que considera una oportunidad para visibilizar las amenazas a los manglares y su importancia para las comunidades y la economía. Cabrera sostuvo que el país cuenta con políticas ambientales, conocimiento técnico y comunidades comprometidas, y que el reto está en convertir esos esfuerzos en acciones concretas.