Periodistas de Azuero relatan cómo cubrieron el sismo mientras cuidaban a sus comunidades
Dos comunicadoras cuentan el desgaste, el miedo y la ayuda que brindaron tras el terremoto del 9 de octubre.
Las comunicadoras Danyelis Aneth Torres, periodista y docente vinculada a Azuero Media, y Gloria Marín, locutora y presentadora de eventos ligada a Radio Península 93.9 FM, cuentan cómo cubrieron la emergencia que dejó el terremoto del 9 de octubre en las provincias centrales. El sismo afectó la vida de cientos de familias y obligó a los periodistas a salir desde las primeras horas a documentar los daños y las historias de quienes los sufrían.
Para Aneth, la cobertura cambió cuando las personas entrevistadas empezaron a pedirle ayuda para conseguir alimentos, frazadas, colchones y agua. Entendió que no podía limitarse a grabar testimonios y marcharse. Desde entonces aprovechó sus recorridos para dar a conocer las necesidades de las familias y buscar apoyo. Describió escenas de niños en las calles, adultos mayores durmiendo en el suelo y personas con discapacidad en condiciones muy difíciles, lo que hizo del trabajo una experiencia emocionalmente exigente.
Marín relató que una de las experiencias que más la marcó fue la de un hombre cuya casa quedó inhabitable y que llevaba días sin comer, con solo una taza de café. Para ella, compartir información era la forma de movilizar a la sociedad. Además, participó en la coordinación de un centro de acopio, la atención de un albergue, el registro de entradas y salidas de suministros y la elaboración de informes para organizar las entregas.
Vivir en la zona afectada añadió otra carga. Aneth reconoció que una de las partes más duras fue estar lejos de su familia durante las jornadas. Cada vez que sentía una réplica revisaba el teléfono para confirmar que sus parientes estaban bien. La primera noche logró dormir cerca de una hora y tuvo que aplazar compromisos profesionales y trabajos con clientes. Marín, que vivió el sismo a pocos kilómetros del epicentro, enfrentó la incertidumbre de no poder reunirse de inmediato con su hija, que estaba en Las Tablas. Pasó entre cuatro y cinco días con muy poco descanso y después viajó a Panamá con su hija para dormir, alimentarse mejor y recuperar energías.
Ambas destacaron el papel de las mujeres en las comunidades. Marín observó que, en las zonas rurales, ellas preparaban comida en los comedores, recibían suministros y coordinaban la atención en los albergues. Aneth señaló que el liderazgo femenino implica cargas que no terminan al cerrar la jornada, como las tareas del hogar, las largas caminatas y el traslado de equipos.
Ambas coincidieron en que cuidarse no significa abandonar a las comunidades. Aneth sostuvo que llorar no resta capacidad ni debilita a una mujer que lidera. Marín insistió en la importancia de alimentarse bien, dormir y reservar espacios personales, incluso cuando las responsabilidades parecen no dar tregua. Para las dos, quienes informan y ayudan también necesitan apoyo.