Francia enfrenta un malestar social que pone a prueba al Estado y sus instituciones
Expertos advierten que las protestas por el costo de vida y los disturbios del 17 de octubre reflejan un descontento más amplio, antes de las presidenciales.
Francia vive una ola de protestas contra el encarecimiento de la vida y de disturbios que se registraron el 17 de octubre. Varios analistas coinciden en que el descontento va más allá de los jóvenes y plantea preguntas sobre la autoridad del Estado, el mantenimiento del orden público y la confianza ciudadana en las instituciones. El politólogo Jérôme Fourquet, director del departamento de opinión del instituto demoscópico IFOP, sostuvo en una entrevista radial este martes que el malestar por el costo de vida afecta a amplios sectores de la población y no solo a estudiantes.
Fourquet citó datos del Ministerio del Interior, según los cuales 550.000 personas participaron en las movilizaciones. Para dimensionar la cifra, la comparó con las 280.000 personas que, según datos policiales, salieron a protestar el primer sábado de los chalecos amarillos en 2018, y con los 1,1 millones que respaldaron la primera jornada contra la reforma de las pensiones en enero de 2023.
El analista distingue varios perfiles entre quienes participaron en los disturbios. Según él, hay militantes de extrema izquierda que atacan símbolos institucionales, delincuentes profesionales que planifican los saqueos y jóvenes que aprovechan el caos para cometer actos vandálicos. También señaló que algunas personas se fotografían durante los robos y exhiben lo sustraído, conductas que, a su juicio, muestran una sensación de poder e impunidad que las redes sociales ayudan a expandir. Además, observó un cambio respecto a los disturbios de 2005: ahora los ataques se concentran en los centros urbanos y tienen como blanco ayuntamientos, bancos y agencias inmobiliarias.
En el plano político, Fourquet considera que la crisis refuerza la percepción de debilitamiento del presidente Emmanuel Macron y puede profundizar la polarización entre quienes respaldan la protesta y quienes reclaman restablecer el orden. Según su análisis, la Agrupación Nacional, formación de extrema derecha, aparece hoy como el partido del orden y puede capitalizar la demanda de seguridad sin asumir de forma directa la responsabilidad de haber gobernado el país a escala nacional.
La socióloga Anne Muxel, directora de investigación del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences Po, coincide en que el malestar también está presente en los hogares franceses. En una tribuna de prensa, sostiene que la ira, el descontento y la ansiedad que impulsan a estudiantes de secundaria y universitarios son sentimientos compartidos por una mayoría de la población. Recordó que las encuestas realizadas antes del 17 de octubre ya reflejaban esa preocupación, lo que indica que las movilizaciones juveniles forman parte de un clima social más amplio.
Otro punto de atención lo plantean Antoine Marie, investigador en psicología política en Sciences Po, y Peter Barrett, asociado en el Centro Europeo de Negociación. En una tribuna conjunta advierten que la impunidad ante los abusos policiales puede erosionar la confianza ciudadana en las instituciones. Citan casos de dos adolescentes que perdieron una mano y otros dos que perdieron un ojo, y sostienen que, si estas conductas quedan sin castigo, la población puede concluir que el Estado no la respeta. Para los expertos, responder a los disturbios exige algo más que capacidad policial, pues también depende de que los ciudadanos perciban legitimidad y justicia en la actuación de las instituciones.