Ejecuciones polémicas reavivan el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos
Un intento fallido de inyección letal y la cancelación de un fusilamiento televisado vuelven a poner en cuestión la pena capital. Una ONG advierte que el foco mediático desvía la discusión de fondo.
El intento fallido de ejecutar a una mujer y la polémica por la transmisión en directo de un fusilamiento han reavivado el debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos. Para Robin Maher, director de la organización Death Penalty Information Center, el tema siempre ha estado en primer plano, aunque ahora recibe más atención.
Hace poco, Christa Pike, una reclusa de 50 años condenada a muerte en Tennessee, se convirtió en la primera persona que sobrevive a un intento de ejecución mediante inyección letal. Se encuentra en el hospital de una prisión mientras se recupera. Maher considera difícil que la población entienda cómo pudo ocurrir algo así en el país, y más difícil aún que la mujer pueda enfrentar un segundo intento.
El otro caso que ha generado controversia es el de Nidal Hasan, de 56 años, responsable en 2009 de la muerte de 13 personas a tiros en la base militar de Fort Hood, en Texas. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que Hasan sería fusilado por un pelotón el 3 de diciembre, lo que supondría el primer uso de ese método desde 1945. La ejecución iba a transmitirse en directo, pero el presidente Donald Trump canceló esos planes tras las críticas.
Según Maher, ambos casos, con gran repercusión mediática, han apartado la discusión de la cuestión central: si Estados Unidos debe seguir aplicando la pena capital. Sostiene que los ciudadanos deberían debatir ese punto con seriedad, en lugar de limitarse a discutir cómo ejecutar a las personas. También advierte que mientras intervengan seres humanos habrá errores, algo que, según dice, se ha visto con todos los métodos empleados, desde el fusilamiento y la horca hasta la inyección letal y el gas nitrógeno.
El experto señala además una distancia notable entre las decisiones de los funcionarios electos en varios estados y lo que piensa la población. Considera que fijar fechas para ejecuciones responde a una etapa que parecía superada. Recuerda que Pike fue condenada hace más de 30 años, cuando el respaldo a la pena capital era mayor y se dictaban más de 300 nuevas condenas a muerte al año. El año pasado, según indicó, hubo apenas 23.
Maher afirma que la oposición a la pena de muerte crece en el país, sobre todo entre los jóvenes. Atribuye ese cambio a que más de 200 condenados a muerte fueron exonerados después, así como a los errores judiciales, el racismo y otras injusticias revelados en juicios y apelaciones. Añade que muchos argumentos que durante años justificaron la pena capital han perdido fuerza, y que, en su opinión, a la larga queda la idea de la venganza. Para algunos estadounidenses, eso basta, pero para muchos otros no.