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Condenan a 200 años de cárcel a un predicador keniano por matar de hambre a sus seguidores

Un tribunal de Kenia castigó a Paul Mackenzie por la muerte de 190 niños y un adulto en su secta, donde se promovía el ayuno hasta la muerte.

Mesa Internacional, 5:00 a.m. · 2 min de lectura
Condenan a 200 años de cárcel a un predicador keniano por matar de hambre a sus seguidores

Un tribunal de Kenia condenó este viernes a 200 años de prisión a un predicador autoproclamado, Paul Mackenzie, por la muerte de 190 niños y un adulto de la secta que lideraba. Según el fallo, el grupo impulsaba a sus miembros a dejarse morir de inanición, con la promesa de encontrarse con Jesús.

La condena se divide en 100 años por homicidio y otros 100 por inanición. Sus cómplices también recibieron penas de cárcel, aunque el texto no detalla cuántos años en cada caso. El veredicto llega después de que, el mes pasado, un tribunal de Mombasa declarara culpables a Mackenzie y a otros 28 acusados. Los hechos juzgados ocurrieron entre enero de 2021 y septiembre de 2023.

El caso salió a la luz en abril de 2023, cuando Mackenzie fue detenido tras el rescate de varios seguidores por parte de una organización de derechos humanos, que alertó a las autoridades. La operación posterior descubrió cientos de fosas poco profundas cerca de Malindi, en la costa del país. Las excavaciones se suspendieron temporalmente porque las morgues locales no tenían capacidad para tantos cuerpos. Las autopsias señalaron que la mayoría murió de hambre, mientras que otras víctimas, incluidos menores, habrían sido estranguladas, golpeadas o asfixiadas.

La fiscalía pidió la pena de muerte para el líder y la cadena perpetua para sus cómplices. La jueza Diana Kavedza Mochache descartó la pena capital porque, para la secta, morir era una especie de boda con Jesús y los fallecidos eran vistos como héroes de la fe. La magistrada advirtió que, para quienes ven la muerte como una liberación, la pena máxima podría no representar un castigo. Kenia contempla la pena de muerte en su legislación, pero no ejecuta a nadie desde 1987.

Según testimonios citados en el caso, el movimiento describía la educación formal como algo satánico, veía la medicina moderna y los hospitales como instrumentos del diablo y obligaba a sus seguidores a romper cualquier vínculo con el exterior. Un maestro de 62 años que perdió a dos nietos respaldó la pena de muerte y expresó una fuerte molestia contra las autoridades, a las que responsabilizó por no haber actuado a tiempo.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia informó en 2024 que el número de muertos ascendía a 429. Hasta ahora, algunas víctimas no han sido identificadas, por lo que la cifra final podría seguir abierta.

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