Columnista advierte que la IA empobrece el debate político en Panamá
Un asesor en políticas públicas sostiene que delegar el pensamiento en chatbots vacía el discurso y debilita la democracia representativa.
Un socio fundador de una firma legal y asesor en políticas públicas planteó en una columna de opinión que la sociedad se está acostumbrando a pensar poco en los asuntos políticos y, con ello, en los problemas humanos que estos encierran. Según el autor, los debates políticos han perdido profundidad, identidad y diversidad de voces, y ahora giran en torno a fórmulas repetitivas que se parecen entre sí.
El columnista sostiene que, en muchos foros, los discursos de distintos actores suenan casi iguales, con las mismas pausas, giros y estructuras. Para él, esa uniformidad se debe al uso de herramientas de inteligencia artificial, que estarían redactando las intervenciones de los políticos. Afirma que la frontera entre lo que dice un dirigente y lo que genera un programa se ha vuelto difícil de distinguir, al punto de que muchos sospechan que buena parte de los discursos y leyes se escribe con IA.
El texto describe una paradoja: nunca hubo tanta política y, a la vez, hubo muy poca deliberación. Según el autor, abundan las trincheras ideológicas, pero escasea la discusión conjunta de los problemas comunes. Señala que la política se reduce a defender posiciones, mientras se deja de lado el esfuerzo de decidir en comunidad.
En la columna también se menciona que algunos empresarios del sector tecnológico describen la IA como una amenaza existencial para la humanidad. El autor considera que, frente a ese riesgo, la acción política y el análisis de las decisiones han pasado a un segundo plano. Llega a calificar de grave que un representante delegue en una máquina la responsabilidad de pensar, lo que, a su juicio, degrada la democracia representativa.
Para la nueva generación de políticos, el autor propone distinguir entre contestar y responder. Según su planteamiento, una máquina puede contestar una pregunta, pero un político debe responder por lo que dice, con actos, convicciones y una presencia que transmita confianza a otras personas. Esa capacidad, sostiene, es algo que ninguna máquina puede reproducir por ahora.