Azuero entre techos que vuelven a levantarse y familias que aún esperan
A más de dos semanas del terremoto del 9 de octubre, algunas viviendas se reparan mientras otras comunidades siguen sin respuestas y arrastran carencias antiguas.
A unos 17 días del terremoto del 9 de octubre, Azuero muestra dos realidades. En Parita, Herrera, Francisco Ávila, que lleva unos 35 años instalando cubiertas, volvió a colocar tejas que el sismo desplazó, sujetándolas con alambre de cobre y ganchos.
Su oficio le permite observar qué construcciones resistieron y cuáles necesitan reparación. Ávila afirma que las tejas que ha instalado en las viviendas tradicionales de barro no han cedido, aunque el movimiento sí dejó daños que obligan a revisar varias estructuras. Cuando detecta riesgos, prefiere no subir al techo sin las condiciones necesarias.
En el cerro Canajagua, en Los Santos, la situación es otra. El maestro Alexis Cedeño, de la escuela Sergio González Ruiz, estaba con sus estudiantes cuando ocurrió el temblor, y la presencia de torres y cables de alta tensión complicó la evacuación. La escuela tiene 14 alumnos, muchos de hogares de bajos recursos, y algunas familias aún esperan que las autoridades evalúen sus viviendas. Hay casas a las que solo se llega a pie. Cedeño calcula que alrededor del 30% de las viviendas de la zona sufrió daños.
El impacto emocional también es visible. Según el maestro, algunos niños pasan de jugar a llorar en minutos, y un movimiento leve basta para que algunos salgan corriendo. Considera que necesitan acompañamiento psicológico continuo y pide que sigan las donaciones para la olla común que alimenta a las personas alojadas en el cerro.
En El Bayano, Iturbides Cortés Cruz comparte un albergue con otras 31 personas, entre ellas varios niños. Las familias cocinan por turnos en una olla común sostenida por donaciones de empresas privadas, amigos y vecinos. Cortés Cruz asegura que nadie les había explicado cuándo podrán reconstruir sus casas ni si recibirán materiales, y reclama una respuesta concreta sobre qué pasará mientras tanto.
En La Villa de Los Santos, el sociólogo Milciades Pinzón plantea que el terremoto también expuso desigualdades históricas. Recuerda que el sismo de 1913 afectó la región y dejó daños en templos como el de Macaracas y en la torre de San Atanasio. Teme que algunas familias eliminen elementos tradicionales de sus casas de quincha para evitar que vuelvan a fallar.
Para Pinzón, reparar las viviendas es indispensable, pero no basta si persisten los problemas de acceso al agua, el deterioro ambiental y el crecimiento de los poblados sin planificación. "La clave de todo es la planificación", afirma.