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OPINIÓN

Cinco principios estoicos para vivir con serenidad, según un exmagistrado

El autor propone volver a lo esencial: ordenar la mañana, distinguir lo controlable, pausar antes de reaccionar, cumplir el deber y enfrentar los obstáculos con entereza.

Opinión BULLA, 12:00 p.m. · 2 min de lectura
Cinco principios estoicos para vivir con serenidad, según un exmagistrado

El abogado y exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia plantea, en una columna de opinión, que la calma frente a un mundo cambiante no depende de fórmulas complicadas, sino de regresar a principios básicos. Según él, la serenidad no implica una vida libre de problemas, sino tener la firmeza necesaria para mantenerse en su lugar cuando el entorno se agita.

El autor aclara que no se presenta como maestro de estoicismo, sino como alguien que sigue aprendiendo de la vida. Dice haber encontrado en esa filosofía antigua herramientas para entender mejor sus reacciones, separar lo importante de lo secundario y contener el temor. A partir de ello, expone cinco prácticas que han marcado su forma de pensar y actuar.

La primera consiste en dedicar unos minutos al despertar, antes de que las noticias, el teléfono o los problemas ajenos ocupen la mente. Propone preguntarse cómo quiere conducir sus pensamientos y acciones durante el día. La segunda es distinguir entre lo que depende de cada persona y lo que no puede controlar, como la economía, las decisiones de los gobernantes o los fenómenos naturales. Ante una dificultad, sugiere preguntarse qué puede hacer para mejorarla, actuar cuando existe margen y aceptar lo que no se puede cambiar. Aclara que esto no implica indiferencia ante la sociedad, sino evitar la pretensión de controlarlo todo.

La tercera práctica es detenerse unos segundos antes de responder con enojo, miedo o desesperación, lo que permite evaluar las consecuencias y elegir mejor. El autor aclara que no se trata de reprimir las emociones, sino de impedir que una emoción momentánea tome las decisiones. La cuarta es cumplir con las obligaciones aunque no exista el ánimo ideal, con disciplina y constancia, reconociendo que también es necesario descansar para cumplir bien. La quinta consiste en ver las dificultades como oportunidades para ejercitar la paciencia, la prudencia y la capacidad de adaptación, sin caer en la resignación ante las injusticias.

El autor concluye que buena parte de la tranquilidad depende de cómo se interpreta lo que ocurre y de cómo se decide responder. Advierte que los estoicos no prometen una vida sin enfermedades, pérdidas o preocupaciones, sino una preparación para afrontarlas sin que el miedo domine la existencia. Reconoce que no ha alcanzado una serenidad perfecta y que sigue aplicando estos principios cada día.

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