Cambio climático y falta de mano de obra presionan a la caficultura panameña
Los productores apuestan por la agricultura regenerativa y la tecnología para sostener la calidad y la producción de sus cafés de especialidad.
El cambio climático y la escasez de mano de obra son los dos grandes retos de la caficultura panameña, un sector que ha logrado colocar sus cafés de especialidad entre los más cotizados del mercado internacional. Así lo planteó Ricardo Koyner, presidente de la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP), durante una entrevista realizada en el World of Coffee Panamá 2026, en el Panama Convention Center.
Koyner explicó que las variaciones climáticas ya se sienten en las zonas productoras. Las temporadas de lluvia y sequía han cambiado, de modo que hay periodos que antes eran secos y ahora registran lluvias, y viceversa. Según el dirigente, estas alteraciones reducen la productividad de las plantas y abren la puerta a enfermedades que antes no existían en las fincas.
Para enfrentar este escenario, los productores están adoptando prácticas de agricultura regenerativa. La idea es recuperar las condiciones naturales de las fincas, conservar el agua y proteger el suelo. Entre las medidas figura integrar árboles y especies nativas en las plantaciones, sin reemplazar por completo el espacio dedicado al café. De acuerdo con Koyner, estas prácticas enriquecen el suelo y mejoran la capacidad de los cultivos para resistir los cambios ambientales.
El segundo reto es la disponibilidad de trabajadores agrícolas, un problema que, según Koyner, responde a una tendencia internacional y no se limita a Panamá. Por eso, el sector trabaja en tecnologías que puedan sustituir tareas cuando sea necesario. El dirigente aclaró que la intención no es desplazar a las personas, sino compensar la falta de mano de obra que se prevé a futuro. Aun así, reconoció que el trabajo humano seguirá siendo indispensable.
Daniel Peterson, productor de cafés especiales y miembro de la familia propietaria de Hacienda La Esmeralda, recordó el origen de este camino. A finales de la década de 1980, los precios internacionales del café comercial cayeron por debajo de los costos de producción, lo que llevó a un grupo de productores a apostar por la diferenciación de variedades, las cataciones y la participación en competencias internacionales. Peterson destacó que la colaboración y el intercambio de conocimientos entre productores han sido clave para avanzar.
Ese esfuerzo colectivo se refleja en precios históricos. En 2025, un lote de café Geisha de Hacienda La Esmeralda fue adquirido por un comprador de Dubái a 30,200 dólares el kilogramo. Peterson atribuyó el resultado a décadas de trabajo conjunto de toda la industria, no solo de una finca.
Para Koyner, el reto ahora es sostener esos estándares y mantener la consistencia de la calidad año tras año, mientras los productores se adaptan a nuevas condiciones climáticas y laborales. Entre los próximos desafíos figuran incorporar nuevas variedades, abrir otros mercados, protegerse de los factores naturales y capacitarse en tecnología.