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Vivir fuera de la capital: lo que cuesta trabajar lejos de casa

Una docente relata sus años de trabajo en Bocas del Toro y Coclé, y cuestiona la rivalidad entre regiones de Panamá.

Opinión BULLA, 9:00 p.m. · 2 min de lectura
Vivir fuera de la capital: lo que cuesta trabajar lejos de casa

Una docente nacida en la ciudad de Panamá y criada en San Miguelito reflexiona sobre la costumbre de hablar del "interior" como si la capital fuera el centro de todo. Ella misma usaba esa expresión sin pensarla, hasta que empezó a trabajar en otras regiones del país. Según su relato, presumir del lugar de origen, ya sea capitalino o provinciano, termina convirtiéndose en una forma de atribuirse superioridad.

En la capital enfrentaba salarios bajos, gastos de pasaje, caminatas para llegar a sus destinos y preocupación por la delincuencia, sobre todo al transitar de madrugada. Los tranques también complicaban su puntualidad. Recuerda que el Metro de San Miguelito le permitía gastar menos en transporte que en otros lugares donde trabajó.

Su primer destino docente fue Isla Colón, en Bocas del Toro. Describe el lugar como de gran belleza, pero señala que allí no había suministro de agua potable, por lo que debía comprar garrafones. También tuvo dificultades para conseguir medicamentos y acceder a servicios de salud. Para salir a tierra firme necesitaba pagar una lancha y luego transporte terrestre, y las huelgas o los cierres de vías agravaban el abastecimiento. Además, le preocupaba un posible desastre natural y no contaba con un seguro de vida.

Después trabajó en Coclé, mientras mantiene gastos relacionados con su hogar en Chiriquí. En Isla Colón recibía un viático modesto, sujeto a descuentos, que no cubría vivienda, alimentación y transporte, así que la diferencia salía de su salario. En Coclé ya no recibe ese viático, pero los gastos continúan. Para ella, el salario docente por sí solo no muestra cuánto queda después de cubrir lo necesario para vivir y trabajar lejos de casa.

La autora aclara que su experiencia no representa a todos los docentes ni a todas las provincias, y que no busca decir que la capital sea peor o que el interior sea mejor. Propone que el debate se centre en las condiciones necesarias para vivir con dignidad. Considera que las rivalidades regionales distraen de problemas compartidos, como llegar a fin de mes, que afectan a personas tanto en la capital como en las provincias.

Cambiar de lugar le permitió revisar sus propias ideas y entender que ninguna región merece ser idealizada o condenada por completo. Su conclusión es que la pregunta de fondo es por qué, con tantas posibilidades como país, muchas personas sienten que vivir bien es un privilegio.

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