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CULTURA

Teatro Nacional de Panamá cumple 118 años entre historia y desafíos de nuevos públicos

El recinto busca conservar una estructura frágil mientras amplía su cartelera para atraer a nuevas generaciones.

Redacción Nacional, 12:00 a.m. · 3 min de lectura
Teatro Nacional de Panamá cumple 118 años entre historia y desafíos de nuevos públicos

El Teatro Nacional de Panamá cumple 118 años desde su inauguración, ocurrida el 1 de octubre de 1908. El edificio, considerado uno de los espacios culturales más representativos del país, ha sido escenario de distintas expresiones artísticas y ha cambiado con el tiempo, reflejando la evolución de la vida cultural panameña y los retos de conservar una estructura histórica.

Su origen se remonta a la Ley 52 del 20 de mayo de 1904, una de las primeras normas del gobierno de la nueva República. Esa ley ordenó construir y mejorar infraestructura básica, y entre las obras previstas figuraron el Palacio Nacional y un teatro nacional. Para César Robles, director artístico del teatro, esa decisión muestra que la cultura formaba parte de la visión de los primeros gobernantes.

La obra comenzó en 1905 y debía terminar a finales de 1907, pero los retrasos y la necesidad de completar el equipamiento escénico llevaron la apertura a octubre de 1908, durante la toma de posesión de José Domingo de Obaldía como segundo presidente. El diseño corrió a cargo del arquitecto italiano Genaro Ruggieri, bajo supervisión del ingeniero panameño Florencio Arosemena, y se inspira en las casas de ópera del Renacimiento italiano. La decoración estuvo a cargo de Enrico Corrado. Algunos elementos de modernismo y art nouveau se perdieron con los años. La programación inicial, dirigida por el maestro Narciso Garay, privilegiaba la música clásica y el canto lírico.

El edificio ha sufrido cambios formales e informales a lo largo de su historia. Sus cuatro restauraciones formales ocurrieron en 1940, entre 1970 y 1974, en 2002 y entre 2017 y 2019. La de los años setenta fue la más amplia y alteró baños, escaleras, pisos y el tamaño de la sala, en un momento en que el inmueble aún no tenía protección patrimonial. Tras ser declarado patrimonio histórico a finales de esa década, las intervenciones debieron cuidar mejor sus características originales. En 2002 hubo una restauración de emergencia tras desprenderse una pintura del techo.

En 2015 el teatro cerró por disposición de los bomberos y del Sistema Nacional de Protección Civil, debido a problemas estructurales, y permaneció cerrado hasta 2017. La restauración de 2017 a 2019 combinó el refuerzo estructural con la recuperación de elementos artísticos. En 2018 se creó el Patronato del Teatro Nacional, responsable de su administración y del mantenimiento.

Robles explica que los materiales y técnicas de otra época hacen que el edificio sea vulnerable a la humedad y al salitre. Un problema central es el sistema de climatización. El inmueble se concibió para funcionar con ventilación cruzada, pero en la década de 1970 se cerraron las ventanas para instalar aire acondicionado, lo que alteró la temperatura y la humedad interior. Desde finales de 2018, el sistema permanece encendido las 24 horas, con mantenimiento mensual, para estabilizar las condiciones ambientales.

Además de la conservación, el teatro busca mantener su relación con el público. El Patronato analiza la programación a lo largo del año para atraer a audiencias con intereses diversos. La cartelera incluye ahora circo contemporáneo, danza aérea, microteatro y conciertos íntimos de varios géneros. Robles señala que los hábitos culturales cambiaron tras la pandemia y que la generación Alfa, muy ligada al entorno digital, requiere escuchar qué busca el público. El reto es equilibrar esa renovación con la protección del patrimonio.

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