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Pedasí y isla Cañas viven la emergencia tras el terremoto

Lancheros sin turistas, voluntarios que reparten comida en Venao y familias de isla Cañas que temen no poder volver a casa.

Redacción Nacional, 12:00 a.m. · 3 min de lectura
Pedasí y isla Cañas viven la emergencia tras el terremoto

Más de dos semanas después del terremoto, la costa de Azuero enfrenta tres problemas al mismo tiempo: una economía que necesita reactivarse, una comunidad que se organiza para ayudar y cientos de personas que todavía no saben si podrán regresar a sus viviendas.

En Pedasí, el turismo sostiene a lancheros, hoteles, restaurantes, transportistas y pequeños comerciantes. Según el relato de los pobladores, el temor que dejó el sismo y la información sobre sus efectos alejaron a los visitantes, y muchos días no hay ingresos. Franklin Herrera, pescador y operador turístico, describe la situación en playa El Arenal, donde entre 60 y 70 embarcaciones llevan turistas a isla Iguana.

Antes, con poca demanda, las embarcaciones podían hacer entre siete y diez viajes diarios en total. Los fines de semana la cifra subía a entre 20 y 30. Ahora hay jornadas en que ninguna sale y otras en que apenas se completa un viaje. La preocupación se extiende a los negocios de comida, frutas y otros productos, además de los hoteles y los conductores que trasladan a quienes llegan desde la capital.

El alcalde de Pedasí, Miguel Batista, sostiene que el distrito está listo para recibir visitantes. Reconoce el impacto económico, pero considera que la imagen de una zona destruida no refleja la realidad, pues los daños materiales fueron limitados en comparación con otros puntos de la península. Para reactivar la actividad, pidió al ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro, suspender durante seis meses el cobro de entrada al refugio de vida silvestre. Hoy los extranjeros pagan $10 y los nacionales, $4. En 2025 ingresaron más de 21,000 personas a isla Iguana, de las cuales el 40% eran extranjeras. Batista afirma que más de 80 familias dependen directamente de esos viajes. Aclara que la petición busca una pausa temporal, no oponerse a la tarifa.

A pocos kilómetros, en playa Venao, voluntarios clasifican alimentos, productos de higiene, ropa y juguetes en un galpón convertido en centro de acopio. Sabrina Piña, colaboradora de SOS Chabad Venao, explica que la iniciativa nació cuando la comunidad comenzó a medir los daños en la playa y en los caseríos de la península. Desde hace más de dos semanas, una cocina prepara entre 300 y 400 raciones diarias para obreros y trabajadores de la zona.

Piña advierte que las necesidades persisten. Las carpas y toldos se deterioran con la lluvia, los colchones se mojan y muchas familias aún necesitan reponer alimentos y artículos básicos de higiene. Pide más donaciones, más voluntarios y que avance la reconstrucción de las viviendas.

En isla Cañas, la espera tiene otro peso. Erasto Domínguez Domínguez, de 61 años, permanece en un albergue con cerca de 200 personas. Agradece que no les haya faltado comida, pero no sabe si podrán volver ni en qué condiciones encontrarán sus casas. Dice que el agua llega ahora a lugares donde antes no alcanzaba: una marea de 11 pies sube hasta donde antes llegaba una de 16. Por primera vez en sus 61 años en la isla, el agua alcanzó su casa. No sabe si el terreno descendió o si el nivel del mar subió. En el albergue se construyen baños permanentes con tanque séptico, en reemplazo de las instalaciones portátiles iniciales.

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