Santa María la Antigua del Darién y el debate sobre la frontera con Colombia
Un docente de historia de la arquitectura revisa el Tratado Victoria-Vélez de 1924 y sus efectos sobre la identidad panameña.
La antigua ciudad de Santa María la Antigua del Darién, hoy ubicada en territorio colombiano, vuelve a estar en el centro de la discusión sobre la frontera entre Panamá y Colombia. Un docente de historia de la arquitectura de la Universidad Santa María la Antigua recuerda que el asentamiento, fundado por Vasco Núñez de Balboa, fue la primera ciudad española establecida en Tierra Firme. Entre 1510 y 1524 llegó a ser capital de Castilla de Oro, sede del primer obispado de la región y punto de partida de la expedición que avistó el mar del Sur.
El punto de quiebre, según el autor, es el Tratado Victoria-Vélez, firmado en Bogotá el 20 de agosto de 1924, que fijó la línea fronteriza entre ambos países. Durante la negociación, Colombia planteó como base legal una ley granadina de 1855, una norma pensada para dividir provincias dentro de la antigua República de Nueva Granada y no para delimitar países.
Panamá, por su parte, invocó el principio uti possidetis iuris, que reconoce los límites heredados de la época colonial. Esa postura habría ubicado la frontera en la ribera occidental del río Atrato y del golfo de Urabá. Sin embargo, la intervención de Estados Unidos obligó a Panamá a desistir de sus reclamos. A cambio, Colombia reconoció a Panamá como nación independiente y soberana, algo que antes no hacía.
De acuerdo con el texto, las pérdidas fueron materiales y simbólicas. Panamá dejó de tener acceso a la cuenca del Atrato y a sus recursos naturales, en especial hidrocarburos, y quedó fuera de una eventual ruta para un canal interoceánico. También se dividieron territorios de los pueblos guna y chocó, lo que, según el autor, complica su administración. El caso de Santa María la Antigua es, para él, la pérdida más significativa, porque para Colombia representa un valor arqueológico y turístico, mientras que para Panamá es un símbolo de su identidad.
El autor reconoce que revertir la situación sería muy difícil. Propone, como argumento de fondo, una lectura geológica: Panamá y el Chocó habrían formado una misma masa insular volcánica, unida después por el crecimiento de la región. Además, retoma la tesis del doctor Justo Arosemena, para quien Panamá fue gobernada como una provincia olvidada durante su unión con Colombia.
Para el docente, la frontera es artificial y el reto pendiente es enseñar la historia patria de manera integral, para que los elementos de la identidad nacional se reconozcan dentro del mismo territorio.