Ordenamiento territorial y preparación ciudadana, claves tras el reciente sismo en Panamá
Un arquitecto plantea que el país debe pasar del temor a la acción frente a una región tectónicamente activa. Propone cambios en construcción, planificación y educación ciudadana.
Un arquitecto especialista en ordenamiento territorial sostiene que Panamá está ubicado en una región tectónicamente activa, por lo que hace falta replantear la relación del país con su entorno y con sus edificaciones. Según su planteamiento, el reciente sismo no debe quedar solo como una cifra de daños, sino servir de punto de partida para revisar la planificación del territorio, las normas de construcción y la gestión del riesgo.
El autor señala que el comportamiento de las estructuras durante la sacudida dejó en evidencia debilidades en la planificación y en el cumplimiento de la normativa. Menciona el Reglamento Estructural de Panamá, que ya contempla exigencias de diseño sismorresistente, pero advierte que las construcciones informales, las ampliaciones sin supervisión en barriadas y la falta de auditorías en edificios antiguos son un riesgo serio. Para él, actualizar el reglamento no basta: propone inspecciones obligatorias y certificar la seguridad de hospitales, escuelas, puentes y vías vitales.
Otro punto central es la conducta de las personas. El texto afirma que una reacción serena, guiada por conocimientos de seguridad, puede marcar la diferencia durante un sismo. Recomienda agacharse, cubrirse y sujetarse, no salir corriendo al primer movimiento, evitar el uso de escaleras y ascensores mientras el suelo se mueve, y practicar estas acciones hasta convertirlas en hábito.
El columnista también insiste en la preparación de las familias, con un plan de emergencia, una mochila con suministros básicos y puntos de encuentro definidos. En su visión, esa organización individual se convierte en una respuesta colectiva más firme.
En cuanto al territorio, el autor advierte que los efectos secundarios, como la pérdida de firmeza del suelo y los deslizamientos en zonas montañosas, exigen una revisión rigurosa del ordenamiento. Pide frenar el crecimiento urbano hacia laderas inestables y terrenos ganados al mar, delimitar zonas no urbanizables y reubicar de forma progresiva a la población expuesta a alta amenaza geológica. También considera indispensable invertir en estudios geológicos y geotécnicos y en mapas de riesgo a nivel de corregimiento.
Por último, plantea fortalecer técnica y financieramente al Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y al Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), con estaciones sísmicas, sistemas de alerta temprana de tsunamis y equipos de rescate urbano. Su conclusión es que el movimiento del suelo es inevitable, pero el riesgo de desastre sí puede reducirse.