Matemáticas: la deuda de aprendizaje que Panamá arrastra año tras año
Los resultados de PISA 2022 y los registros del MEDUCA muestran vacíos que se acumulan desde los primeros grados y que la escuela aún no logra corregir.
Las matemáticas suelen cargar con una explicación fácil cuando los resultados escolares son bajos: a los estudiantes no les gustan. Sin embargo, el análisis plantea una pregunta distinta, qué pasa cuando un alumno acumula años de vacíos que nadie corrige a tiempo.
En PISA 2022, Panamá obtuvo 357 puntos en matemáticas, frente a 472 del promedio de la OCDE. Solo el 16 % de los estudiantes alcanzó el nivel básico de competencia, lo que equivale a decir que unos 84 de cada 100 quedaron por debajo. El nivel 2 de esa prueba implica interpretar una situación sencilla y representarla matemáticamente sin instrucciones directas. Además, el desempeño promedio pasó de 353 puntos en 2018 a 357 en 2022, es decir, prácticamente no se movió.
Cuando una dificultad persiste, deja de ser un problema de una sola materia. Las matemáticas se construyen en cadena: quien no domina las operaciones básicas tropieza con fracciones, porcentajes y ecuaciones, y luego con funciones, geometría o estadística. Por eso la reprobación de fin de año llega tarde, cuando el problema ya lleva meses o incluso años gestándose.
El MEDUCA también ha identificado debilidades. En el diagnóstico usado para su Plan Estratégico de Educación 2025-2029, más de 55 mil estudiantes del sector oficial tenían calificaciones entre 1.0 y 2.9 en Matemáticas. La fuente aclara que esa cifra no significa que todos reprobaran, pero sí revela una cantidad considerable de alumnos que requieren atención. A esto se suma una brecha territorial: según el Banco Mundial, con datos de PISA 2022, cerca del 32 % de los estudiantes urbanos alcanzaba el nivel mínimo de competencia, frente a apenas 7 % en las zonas rurales.
La respuesta, según este planteamiento, no está en pedir más tareas ni más horas de estudio. Si el alumno no entiende el concepto previo, más ejercicios solo aumentan la frustración. Intervenir implica detectar en qué punto empezó la dificultad y recuperar ese aprendizaje antes de seguir avanzando. También exige ver el error como información útil para el docente, no como una sentencia sobre la capacidad del estudiante.
Panamá realiza evaluaciones nacionales y diagnósticas para identificar aprendizajes y factores asociados. El reto será que esos datos sirvan para actuar antes de que el estudiante pase al siguiente grado o ciclo, y no terminen como cifras archivadas. Las matemáticas están presentes en una factura, un crédito o un salario, y una deuda de aprendizaje que se arrastra durante años termina cobrando intereses.