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EDUCACIÓN

Más de 3,000 estudiantes sin aula tras el terremoto en Panamá

Un estudio de JUXLAE y FUDESPA advierte que levantar escuelas no basta para recuperar el aprendizaje perdido tras el sismo del 9 de octubre.

Opinión BULLA, 8:30 p.m. · 2 min de lectura
Más de 3,000 estudiantes sin aula tras el terremoto en Panamá

Para un niño, perder su escuela no es solo quedarse sin edificio. También pierde su rutina, sus compañeros y, en muchos casos, uno de los pocos espacios donde encontraba seguridad, comida y una oportunidad real de salir adelante.

El terremoto del pasado 9 de octubre, con epicentro cercano a Tonosí, golpeó con más fuerza a las comunidades que ya tenían carencias. Según el estudio Volver al aula después del terremoto, elaborado por Jóvenes Unidos por la Educación (JUXLAE) y FUDESPA, las cifras preliminares registran 619 escuelas dañadas, 35 destruidas y más de 3,000 estudiantes sin aula. Veinte de las escuelas destruidas están en Herrera, una provincia donde muchos centros rurales y multigrado cumplen un papel educativo y comunitario que es difícil de reemplazar.

El análisis advierte que el problema no se limita a la infraestructura. Antes del sismo, Panamá ya enfrentaba una crisis de aprendizaje. En la prueba PISA 2022, el país ocupó el puesto 74 de 81 participantes en matemáticas. El terremoto no creó esas debilidades, pero puede agravarlas en los hogares con menos recursos para recuperarse.

La experiencia de otros países, según el estudio, muestra que las mayores pérdidas de aprendizaje suelen aparecer después de la emergencia, cuando los alumnos regresan a clases y deben seguir contenidos para los que no están preparados. Por eso, los autores cuestionan la idea de que volver al calendario escolar equivale a recuperar la educación. Un plantel reabierto de poco sirve si sus alumnos siguen viviendo en carpas, sus familias no tienen ingresos o los caminos de acceso siguen afectados.

El documento propone una recuperación progresiva que combine seguridad, acompañamiento emocional, flexibilidad académica y nivelación. Entre las medidas mencionadas figuran diagnósticos transparentes de las instalaciones, espacios temporales adecuados, materiales, transporte y mecanismos de seguimiento para los estudiantes en mayor vulnerabilidad. El estudio también señala que la virtualidad no sirve como respuesta única, porque en muchas zonas rurales la conectividad es limitada y los equipos son un lujo. En esos casos, las alternativas semipresenciales, los módulos impresos y los espacios comunitarios seguros deben ser parte de la estrategia.

Los docentes también resultaron afectados, y su situación debe atenderse. El acompañamiento psicológico, la formación y el respaldo institucional deben llegar también a ellos.

A pocas semanas del cierre del año escolar, el estudio plantea que las evaluaciones y graduaciones deben ser flexibles, sin aprobar a todos por igual ni castigar a quienes sufrieron el sismo. Además, advierte que el reto continúa en el año escolar 2027, que requerirá acciones sostenidas de nivelación, con presupuesto, responsables y resultados públicos. Según el documento, el país tiene que decidir si solo reconstruye lo destruido o aprovecha la emergencia para corregir debilidades que ya existían.

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