Lula conserva fuerte respaldo en el noreste de Brasil pese a señales de desgaste
En Maranhão, uno de los estados más pobres del país, muchos beneficiarios atribuyen a Lula mejoras en su vida, aunque su votación bajó frente a 2022.
Walter dos Santos tenía 25 años la primera vez que comió hasta quedar satisfecho. Antes había visto morir de hambre a varios de sus hermanos en el noreste de Brasil, una región donde creció sin electricidad, sin escuela y sin perspectivas. Aprendió a leer y a escribir, terminó la secundaria a los 32 años y hoy su hija tiene un doctorado en biotecnología, mientras su hijo es agrónomo. Él atribuye ese cambio al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a quien considera una figura central en la vida de su comunidad, el Quilombo Piqui da Rampa, formada por descendientes de esclavizados en el estado de Maranhão.
El caso de Santos refleja el sentir de buena parte de la región. Lula, de 80 años, obtuvo casi el 64% de los votos en la primera vuelta en el noreste, la zona de la que es originario, frente al derechista Flávio Bolsonaro. Aun así, en comparación con 2022 perdió más de 250.000 votos en esa región. Según especialistas, esa caída indica que una parte de los electores empieza a considerar otros factores, más allá de los programas sociales, al momento de mejorar sus condiciones de vida.
A nivel nacional, el panorama fue menos favorable para el mandatario. Lula quedó en segundo lugar en la primera vuelta y deberá enfrentar a Bolsonaro en una segunda vuelta reñida el próximo domingo. Él busca un cuarto mandato, aunque no consecutivo.
Maranhão, que va desde la selva amazónica hasta la costa atlántica, fue en el pasado un gran exportador de azúcar y algodón, con una economía sostenida por el trabajo esclavo. Hoy es el estado más pobre de Brasil. En la localidad de Vargem Grande, los habitantes recuerdan que antes de 2003, año en que Lula llegó al poder, sobrevivían con la agricultura y con jornales pagados en azúcar, tabaco o cachaça. Maria de Fátima Mendes Ferreira, de 54 años, contó que hace treinta años perdió a una de sus nueve hijos, de seis meses, por desnutrición. Su esposo, el pescador Antonio Carlos Lima Ferreira, dice que programas como Bolsa Familia, que entrega dinero a cambio de que las familias vacunen a sus hijos y los envíen a la escuela, cambiaron sus vidas.
Vitor Hugo Miro, investigador del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas, indica que la pobreza en Maranhão, definida como ingresos mensuales inferiores a 775 reales, unos 154 dólares, bajó del 67% al 49% entre 2012 y 2025. Sin embargo, advierte que las oportunidades económicas y los empleos de calidad siguen escasos, y que la expansión de la criminalidad genera cada vez más preocupación. Según Miro, la gente empieza a pesar otras dimensiones de su vida al decidir su voto. En la capital, São Luís, Larissa Bianque, de 32 años, es la única de su familia que votará por Flávio Bolsonaro. Aunque muchos de sus parientes dependen de ayudas como Bolsa Familia, considera que los jóvenes aspiran a algo más que cubrir necesidades básicas.
Para los seguidores de Lula, su origen humilde es clave para entender su popularidad y es motivo de orgullo en una región que suele ser vista como atrasada. Zacarias Neto de Moraes, de 58 años, coordinador regional del Partido de los Trabajadores, sostiene que el mandatario nunca olvidó sus raíces. Reconoce, sin embargo, que existen jóvenes que no vivieron la época anterior a Lula y que no conocen cómo era la vida entonces.