Panamá debate si el internado médico debe durar uno o dos años
Médicos recién graduados denuncian falta de plazas, mientras un columnista sostiene que la calidad de la formación importa más que su duración.
Panamá vuelve a discutir cuánto debe durar el internado de los médicos. El debate reaparece porque profesionales recién graduados denuncian que no hay plazas de internado obligatorio, un problema que, según la fuente, las autoridades de salud arrastran desde hace años. En el país, el internado dura dos años, y ese tiempo es requisito para optar por la licencia que permite ejercer en todo el territorio nacional.
La propuesta de eliminar un año de internado busca, según sus defensores, ahorrar salarios. El segundo año se ha presentado tradicionalmente como servicio social o rural, pensado para llevar personal de salud a regiones pobres y alejadas, donde la escasez de médicos sigue siendo evidente. El columnista advierte que suprimir ese componente empeoraría la situación de esas comunidades.
El texto también recuerda antecedentes históricos. A finales del siglo XIX, West Virginia fue el primer estado en aplicar una ley restrictiva para licenciar la práctica médica. En Estados Unidos, la Décima Enmienda deja estas materias en manos de cada estado, por lo que no existe una reglamentación nacional. Para ilustrar lo difícil que es alcanzar acuerdos entre médicos, la fuente cita el caso de George Baird y George Garrison, dos reconocidos profesionales de Wheeling, cuyas diferencias sobre cómo licenciar a los candidatos terminaron en 1891 con la muerte de Baird a manos de Garrison.
El argumento central del columnista es que el problema no está en el número de años sino en la calidad. Señala que las escuelas de medicina y los hospitales que reciben a los internos no siguen programas uniformes, por lo que los conocimientos de los graduados varían. Propone que el internado forme parte del plan de estudios y se enfoque en habilidades concretas, como recetar, atender urgencias, hospitalizar y realizar procedimientos frecuentes.
En esa línea, pide al rector de salud establecer criterios concretos para evaluar los centros donde los internos practican bajo supervisión. Pregunta si esas instalaciones sirven realmente para aprender o solo para aprovechar mano de obra barata, y si cuentan todo el año con equipos, insumos y repuestos. También cuestiona la disponibilidad de docentes con capacidad para enseñar.
Por último, el autor plantea que la discusión debería empezar antes, en el ingreso a la carrera, con entrevistas personales a aspirantes de 17 o 18 años. Recuerda, además, que pocas relaciones exigen tanta confianza como la que se establece entre paciente y médico.