Azuero reconstruye tras el sismo entre casas de quincha, patrimonio y arraigo
Veinte días después del terremoto, miles de personas siguen en albergues, y el debate sobre cómo levantar de nuevo las comunidades apenas empieza.
Veinte días después del terremoto que golpeó La Villa de Los Santos y otras zonas de Azuero, miles de personas siguen en albergues mientras el Estado avanza en la construcción de nuevas viviendas. El Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) ya contabilizaba más de doce mil casas evaluadas y dos fallecidos. Los primeros balances hablaban de unos cientos de viviendas dañadas, pero la magnitud se fue revelando con el paso de los días.
Miles de familias perdieron su hogar por completo. Entre quienes permanecen en los albergues hay adultos mayores, personas con discapacidad y cientos de niños que no saben cuándo volverán a clases. El costo total del daño aún no tiene cifra oficial. Los 100 millones de dólares autorizados por el Gobierno funcionan como un tope y no reflejan todavía la dimensión de la emergencia.
El Ministerio de Vivienda (Miviot) anunció la construcción de 1,300 viviendas con un mismo modelo de interés social. Estas se levantarían en el terreno de cada familia, siempre que el suelo lo permita. Si no es posible, se buscaría otro lugar. La rapidez es una de las prioridades del Gobierno, pero el tema también ha generado preocupación por lo que podría perderse en el proceso.
En La Villa de Los Santos, muchas casas de quincha, una técnica constructiva tradicional, deberán ser demolidas. Albañiles rescatan tejas que quedaron intactas para reutilizarlas más adelante. Vecinos de la zona aseguran que nadie les ha explicado cómo salvar sus viviendas. Especialistas plantean que los ministerios de Cultura y de Vivienda evalúen juntos el valor patrimonial de estas casas antes de derribarlas.
El caso de El Chorrillo es citado como antecedente. Tras la invasión de 1989, el barrio fue reconstruido sobre sus escombros, y varias familias recibieron casas lejos de sus vecinos, su iglesia y su trabajo. Con los años, más de un tercio de sus habitantes se marchó. En 1991, un terremoto con epicentro en Costa Rica afectó Bocas del Toro, dejando muertos y miles de damnificados. Chile, tras su sismo de 2010, optó por recuperar sus iglesias de adobe.
El terremoto también afectó la economía regional, con interrupciones en el turismo, la pesca, el comercio y las labores agrícolas. Una de las propuestas es que las obras empleen mano de obra local y que se formen artesanos de quincha en una escuela taller, para generar empleo y preservar un oficio que hoy escasea. Asimismo, en Albrook, los damnificados de 1989 vivieron más de un año en hangares, por lo que hoy se pide que los albergues tengan una fecha de salida pública y que, cuando una familia deba mudarse, lo haga dentro de su propio pueblo.