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Shélejov vive entre rumores y miedo tras la muerte de una científica

Una trabajadora de un instituto contra la peste murió en Irkutsk. Las autoridades hablan de neumonía de origen indeterminado, pero los vecinos ya no saben qué creer.

Mesa Internacional, 7:21 a.m. · 2 min de lectura
Shélejov vive entre rumores y miedo tras la muerte de una científica

En Shélejov, una ciudad de algo menos de 50.000 habitantes en la región rusa de Irkutsk, la inquietud crece desde que murió una mujer por un presunto caso de peste. Según medios locales, la víctima se llamaba Daria Chipilova, tenía 28 años y trabajaba en el Instituto de Lucha contra la Peste, ubicado en Irkutsk, a unos 15 km de allí.

La muerte cambió la rutina del hospital de Shélejov. Tras conocerse el fallecimiento, se prohibieron las entradas y salidas, y una embarazada de 35 años pasó cuatro días internada en observación en el servicio de maternidad. Ella y otros vecinos reconocen que la falta de información oficial los tiene desconcertados. Oksana, que pidió no dar su apellido, confesó que ya no sabe en qué fiarse por la cantidad de versiones que circulan.

El gobernador de la región, Igor Kobzev, informó el lunes que una inspección de Rospotrebnadzor, la agencia de salud pública, concluyó que la muerte se debió a una neumonía de origen indeterminado. Esa misma agencia aseguró que la empleada estaba vacunada y tenía inmunidad frente a las infecciones peligrosas con las que trabajaba. Además, dijo que dos comisiones de expertos descartaron una situación de emergencia y que se realizaron cerca de 5.000 pruebas, sin que ninguna detectara agentes patógenos peligrosos.

El caso llamó la atención internacional, seis años después de la pandemia de covid-19, cuando Rusia fue acusada de restar importancia a la epidemia en su territorio. El miércoles, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió aclarar las informaciones sobre un segundo empleado con una neumonía de origen indeterminado. El Kremlin no desmintió esas versiones, pero pidió confiar en las autoridades y lamentó la difusión de información falsa.

En la calle, los rumores son protagonistas. Alexandra Iskalova, de 22 años, contó que su madre la llamó a gritos para decirle que habían muerto diez personas, cuando todavía no existía ningún comunicado oficial. Otra vecina escuchó hablar de una supuesta "sífilis de Hong Kong", que en realidad es una enfermedad imaginaria de una serie cómica de televisión rusa. Iskalova explicó que, en los primeros días, la gente vivió con pánico por la ausencia de declaraciones oficiales. Hoy las calles están tranquilas y se ven pocas mascarillas, aunque el hermano de una vecina, que estudia en primaria, ya debe usarla en todas partes. Una tía de Iskalova, que trabaja en el instituto de Irkutsk, permanece en cuarentena.

Tatiana, de 66 años, se muestra frustrada. Se pregunta cómo deben protegerse si nadie explica cómo se propaga la infección ni cómo se detecta. Olga, una exconctable de 68 años, calificó de ridícula la propuesta del presidente estadounidense Donald Trump de ayudar a Rusia. Dijo que, en el fondo, Trump estaría encantado de que el país tuviera problemas sanitarios, y no cree que actúe de buena fe.

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