Un nonagenario encuentra en la inteligencia artificial una fuente de diversión
Con 92 años, el autor relata cómo usa estas herramientas para crear saludos, cambiar de vestuario y reír, y defiende que la vejez no tiene por qué ser aburrida.
A los 92 años, un panameño cuenta que descubrió en la inteligencia artificial una compañera de entretenimiento que no se cansa ni protesta. Su experiencia comenzó cuando le pidió que usara su fotografía para armar una colección de saludos dirigidos a familiares y amigos. Así aparecía deseando buenos días, felicitando cumpleaños, enviando bendiciones y expresando condolencias.
Después decidió probar con el vestuario. Solicitó una guayabera, una camisa deportiva y un suéter elegante con la bandera de Panamá y el símbolo de la justicia. Según relata, en cuestión de segundos tuvo un guardarropa completo, sin visitar tiendas ni pagar a un sastre.
El ejercicio tuvo un tropiezo. La herramienta rodeó su figura con una silueta blanca que lo hacía parecer El Santo, personaje de televisión. Tuvo que aclarar que no tenía interés en protagonizar una serie, pues ya le bastaba con su propia historia.
A partir de estas experiencias, el autor sostiene que la vejez no elimina necesariamente las ganas de divertirse. Considera que muchas personas renuncian a ellas por error, creyendo que a cierta edad solo queda recordar lo vivido en la juventud. Para él, los recuerdos son valiosos, pero no reemplazan las experiencias que todavía se pueden tener. La curiosidad y el buen humor, añade, no tienen fecha de vencimiento.
El texto también reconoce las limitaciones de la herramienta. La inteligencia artificial puede equivocarse, inventar respuestas y responder con seguridad sobre temas que desconoce. Por eso recomienda usarla con inteligencia natural, que sigue siendo indispensable. Lo decisivo, según el autor, es el uso que se le da: aprender, escribir, comunicarse, ejercitar la mente o simplemente reír.
El cierre resume su postura: envejecer es inevitable, pero aburrirse no es obligatorio. La vejez, afirma, ofrece la libertad de tomarse algunas cosas con menos solemnidad y de reírse incluso de uno mismo. La inteligencia artificial, concluye, no le devolvió los años de juventud, pero sí le abrió nuevas formas de disfrutar el tiempo que le queda.