Turquía acoge la COP31 con pocas decisiones grandes sobre la mesa
La cumbre climática de Antalya arranca el lunes en un contexto de indicadores preocupantes, con negociaciones sobre fósiles, finanzas y electrificación.
La ciudad turca de Antalya será sede, a partir del lunes y hasta el 20 de noviembre, de la COP31, la cita anual de la ONU sobre el clima. Delegaciones de cerca de 200 países se reunirán allí, aunque no se esperan grandes acuerdos transversales. La presidencia turca impulsa, en cambio, una agenda de acción sobre varias temáticas, y la dirección del encuentro será bicéfala, con Australia encargada de pilotar las negociaciones.
El contexto científico es inquietante. Los estudios de las últimas semanas registraron en 2025 un récord en las concentraciones de gases de efecto invernadero. Además, una riada mortal en Nepal en agosto y decenas de miles de muertes en Europa por calor extremo recordaron los efectos del cambio climático.
El objetivo más ambicioso del Acuerdo de París de 2015, mantener el aumento de la temperatura global en 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, también está en riesgo. La ONU advierte que ese umbral podría superarse en los próximos cinco años y que el calentamiento podría llegar a 2,6 ºC en este siglo. El ministro turco de Medio Ambiente y presidente de la conferencia, Murat Kurum, reconoció que esta es la primera COP en la que queda claro, más allá de toda duda razonable, que el mundo superará los 1,5 ºC, y dijo que Antalya deberá empezar a responder a esas nuevas realidades. La negociadora jefa de Panamá, Ana Aguilar, sostuvo que la ciencia todavía indica que es posible volver por debajo de ese límite.
El marco geopolítico es fragmentado y Estados Unidos está fuera del Acuerdo de París, por lo que no se prevén compromisos vinculantes de peso. Un responsable europeo señaló que no habrá una revolución en acción climática, pero sí se buscará consolidar avances constantes, como una mayor participación de las energías limpias.
La propuesta estrella de Ankara es impulsar la electrificación del transporte, la construcción y la industria, con una meta de que la electricidad alcance el 35% del consumo energético global en 2035. Los ambientalistas matizan que electrificar no basta si la electricidad no proviene en al menos 75% de fuentes renovables. La agenda turca incluye diez temas de carácter voluntario, entre ellos una mejor gestión de residuos para reducir las emisiones de metano y una mayor inclusión de los océanos en los planes climáticos.
En materia de combustibles fósiles no se espera ningún compromiso vinculante. Brasil, que enviará a su presidente Luiz Inácio Lula da Silva, defenderá una hoja de ruta para abandonarlos progresivamente, presentada esta semana. Turquía y Australia comparten una fuerte dependencia del carbón, y Australia es el segundo mayor exportador de ese combustible, una paradoja que las organizaciones civiles han criticado por la aprobación de decenas de proyectos de gas, petróleo y carbón desde 2022.
Otro punto caliente será el acceso de los países en desarrollo a los fondos para adaptarse al cambio climático. Muchas naciones se quejan de que los mecanismos actuales generan deuda y de que los inversores privados desconfían para invertir. Aguilar reclamó más financiación concesional, con créditos de intereses mínimos. La Unión Europea, primer contribuyente mundial de finanzas climáticas, dijo que respetará sus compromisos, aunque no tiene margen para prometer más fondos.