Terremoto deja 35 escuelas rurales destruidas y 656 dañadas en Panamá
Más de 3.000 estudiantes se quedan sin clases presenciales a pocos meses de terminar el año escolar.
El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el viernes dejó sin escuela a miles de niños de la península de Azuero, en el suroeste del país. Aunque no hubo muertos, el sismo causó daños en cientos de centros educativos justo cuando el año escolar entra en su última etapa, que termina en diciembre.
El Gobierno ha contabilizado 656 centros educativos afectados. De ellos, 35 ya no existen, lo que deja sin clases presenciales a más de 3.000 estudiantes. Se trata de escuelas públicas ubicadas en pequeñas comunidades rurales y de difícil acceso. El ministro de Educación, Ventura Vega, explicó que las autoridades tienen identificadas las instalaciones perdidas en cada región educativa.
La situación llega en un momento delicado. El último trimestre del año, que va de marzo a diciembre, ya es un periodo complicado en un sistema educativo que, según informes internacionales, presenta serias deficiencias en comparación con otros países de Latinoamérica. Ahora, padres y docentes no saben si los alumnos podrán terminar el curso en sus escuelas o si tendrán que esperar una solución alterna.
En las comunidades visitadas, los edificios quedaron muy dañados, con techos colapsados, paredes agrietadas y cableado eléctrico caído. Gran parte del mobiliario no se puede recuperar. En algunos poblados no fue posible llegar porque las carreteras secundarias quedaron destruidas en varios tramos, lo que dejó a esas localidades incomunicadas por tierra.
La comunidad de La Pitaloza, en la provincia de Herrera y a más de 300 kilómetros de la capital, figura entre las más golpeadas. Allí, muchas familias perdieron sus viviendas y dependen de la ayuda humanitaria del Gobierno. Madres y padres mantienen la incertidumbre sobre el futuro escolar de sus hijos, mientras algunos esperan que el Estado instale módulos temporales para retomar las clases.
El balance oficial también incluye 2.164 familias afectadas, más de 2.000 edificaciones dañadas y cerca de 30 heridos, en su mayoría con lesiones leves. El organismo Unicef calcula que 8.300 niños, niñas y adolescentes necesitan asistencia humanitaria. Por su parte, una delegación de ingenieros especializados de Venezuela llegó al país para apoyar con asistencia técnica.
En medio de los daños hubo un hecho que las autoridades y vecinos describen como una fortuna. En la escuela de La Colorada, que tenía más de un siglo de funcionamiento, los alumnos salieron una hora antes del temblor, por lo que no estaban dentro cuando se derrumbaron los techos. Las trabajadoras que permanecían en el edificio sobrevivieron, aunque el colegio quedó muy afectado.