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Sin puentes, los ríos del interior panameño siguen cobrando vidas

Un adulto mayor murió en Soná al intentar cruzar una crecida, mientras las cifras oficiales suman 63 ahogados en lo que va del año.

Mesa de Sucesos, 2:32 p.m. · 2 min de lectura
Sin puentes, los ríos del interior panameño siguen cobrando vidas

Para miles de productores y residentes del campo panameño, cruzar un río forma parte de la rutina diaria, ya sea para trabajar, conseguir alimentos o volver a casa. En las provincias del interior y en las zonas comarcales, la falta de puentes peatonales y de caminos transitables convierte las quebradas y los ríos en un peligro mortal durante la temporada lluviosa.

El caso más reciente ocurrió en Veraguas. Un hombre de 78 años desapareció el 5 de septiembre en un sector rural de Soná. Tras varios días de búsqueda, en la que participaron el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), el Cuerpo de Bomberos y vecinos, los rescatistas hallaron su cuerpo en la confluencia del río San Pablo con el río Cobre. Según lo reportado, intentaba cruzar el afluente para cumplir con sus labores cuando un aumento repentino del caudal, provocado por lluvias en la parte alta de la cuenca, lo sorprendió.

Otro hecho dramático se registró el 1 de octubre en Chiriquí. Los cuerpos de dos rescatistas que habían sido reportados como desaparecidos fueron localizados en el cañón de Macho de Monte, en el corregimiento de Cuesta de Piedra, distrito de Boquerón. La emergencia ocurrió durante una práctica de ascenso del curso de rescate con cuerda en montaña, en el que participaban 38 personas entre estudiantes e instructores. Durante el ejercicio se mantenían puntos de vigilancia para controlar el caudal del río.

Las cifras oficiales confirmadas por el SINAPROC y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) indican que, en lo que va del año, 63 personas han muerto ahogadas en todo el país. La mayoría de esas muertes ocurrió en ríos, quebradas y riachuelos, muy por encima de los casos registrados en costas y playas turísticas. Un porcentaje alto de las víctimas son hombres adultos y adultos mayores dedicados a la agricultura o la ganadería, que deben vadear los cauces a pie o a caballo porque no existen puentes adecuados. Además, buena parte de los episodios fatales ocurre en puntos aislados, fuera del alcance de los operativos de seguridad y sin señales que adviertan sobre la peligrosidad del río.

Ante el aumento de las lluvias y los avisos del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA), el SINAPROC insiste en que la población rural no debe intentar cruzar ríos o quebradas crecidos, porque la fuerza de la corriente y la turbidez del agua hacen casi imposible cualquier rescate o autosalvamento. Sin embargo, para las familias que viven de la agricultura, esas recomendaciones resultan insuficientes cuando la geografía las deja aisladas.

Dirigentes locales coinciden en que las alertas meteorológicas no bastan. Según ellos, la solución de fondo pasa por obras públicas urgentes que dotén a las comunidades de vados y puentes seguros, de manera que cruzar un río deje de ser una apuesta con la vida cada vez que llueve.

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