Contactos privados y principios públicos: el reto de la transparencia política en Panamá
Un columnista sostiene que en un país pequeño los vínculos entre adversarios son inevitables, pero deben reconocerse públicamente para no erosionar la confianza ciudadana.
Un columnista de opinión plantea que en Panamá la clase política se conoce entre sí de forma estrecha, y que muchos de sus integrantes, aunque militen en partidos distintos, comparten familia, amistades, negocios, escuelas y trayectorias partidarias previas. Según el texto, esa cercanía hace que el contacto con adversarios sea común, aunque no siempre se haga visible.
El autor sostiene que el problema no es el diálogo en sí, sino la forma en que se maneja. Describe una práctica habitual en la que los encuentros se canalizan a través de amigos en común, operadores o emisarios, de modo que las figuras públicas no aparezcan directamente vinculadas. Para el columnista, esa estrategia protege la imagen pública mientras mantiene el contacto en privado, y eso genera desconfianza.
Según el artículo, la transparencia es el elemento que disminuye las sospechas. Cuando el propio político anuncia y explica una reunión, la especulación pierde fuerza. En cambio, la demora en responder o el silencio suelen alimentar el morbo, las falsedades y la desinformación. El autor también advierte que, cuando se aceptan públicamente contactos que antes se criticaban, aparece un rechazo ciudadano evidente.
El texto apoya sus argumentos en referencias teóricas. Menciona a Ronald Dworkin, para quien la integridad exige que las decisiones públicas encajen con los valores que se proclaman, y a Pierre Bourdieu, quien explica que las élites se reproducen mediante capital social y vínculos compartidos. También cita a Michael Walzer, sobre la necesidad de justificar las decisiones públicas, y a Maurice Duverger, según quien los vínculos internos son inevitables en sistemas con élites reducidas. El columnista concluye que lo que define la calidad democrática es cómo se gestionan y comunican esos vínculos.
La pieza cierra con una lista de exigencias para una cultura política más madura, entre ellas reconocer contactos, explicar su propósito, evitar el uso sistemático de intermediarios, asumir personalmente las decisiones y diferenciar con claridad entre diálogo y pacto. El autor sostiene que la coherencia política se construye con transparencia y se pierde con silencios, y que en un país donde casi todos se conocen la transparencia es una necesidad democrática.