Un columnista analiza las raíces del antisemitismo y su resurgimiento actual
Un articulista panameño-israelí sostiene que el odio hacia los judíos se alimenta de enemigos convenientes, desde la Alemania tras la Primera Guerra Mundial hasta el régimen iraní.
El 7 de octubre de 2023 quedó marcado en el calendario de tragedias del pueblo judío. Ese día, Hamás atacó comunidades israelíes, dejó más de 1,200 muertos y secuestró a unas 250 personas. El texto recuerda que el 27 de enero se conmemora el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, instaurado por las Naciones Unidas en 2005, sesenta años después de la liberación de Auschwitz. Desde ahí, el autor se pregunta por qué tardó tanto el mundo en reconocer internacionalmente el genocidio nazi, que costó la vida a unos seis millones de judíos europeos.
Para responder, el columnista repasa la historia. Según su relato, el pueblo judío se asentó en Medio Oriente hace unos 3,000 años, y sus textos, en especial el Pentateuco, figuran entre los más antiguos y estudiados por la civilización occidental. De esa tradición surgieron el monoteísmo y las bases del cristianismo y el islam, religiones que hoy reúnen a más de la mitad de la humanidad.
El autor atribuye la persistencia del prejuicio a una costumbre política antigua: buscar culpables cuando algo sale mal. Cita el caso de Alemania después de la Primera Guerra Mundial, cuando, según escribe, se responsabilizó a los judíos de la derrota, y sostiene que un enemigo común suele servir para unir a una sociedad. También plantea que, en la Europa del siglo XIX, el éxito económico de algunas comunidades judías convivió con discriminación y persecución, mientras que en América los inmigrantes judíos pobres prosperaron sin sufrir ese mismo rechazo.
En la actualidad, el columnista vincula una parte importante del antisemitismo con movimientos islamistas radicales, incluido el régimen iraní y los grupos que lo respaldan. Señala que la revolución islamista de 1979 necesitó un enemigo para cohesionar a la sociedad persa y que Teherán ha invertido recursos en una narrativa hostil hacia Israel y los judíos, difundida por redes sociales. Según el texto, los extremistas usan a Israel y a los judíos como chivos expiatorios en conflictos internos de países como Irán, Yemen y Líbano.
El autor también critica la forma en que se aborda el conflicto con los palestinos. Afirma que estos merecen una vida digna y seguridad, pero que el extremismo los utiliza como peones, y que parte de la opinión pública ignora el uso de la población de Gaza como escudo humano. Asimismo, denuncia el poco interés que, a su juicio, despiertan guerras como las de Siria, Sudán, Haití, Congo y Ucrania, que han dejado millones de desplazados y cientos de miles de víctimas.
Para cerrar, el texto llama a voces sensatas a condenar con claridad el terrorismo y la persecución religiosa y étnica, y cita las ideas de Martin Luther King Jr. y del sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel sobre el costo del silencio y la neutralidad frente a la opresión.