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Nuestro cerebro, tan enigmático como el átomo y tan vasto como el universo

Un químico y profesor de la Universidad de Panamá reflexiona sobre la memoria, la consciencia y los límites de lo que sabemos del cerebro.

Opinión BULLA, 10:00 p.m. · 2 min de lectura
Nuestro cerebro, tan enigmático como el átomo y tan vasto como el universo

Un químico industrial y profesor de la Universidad de Panamá plantea una reflexión sobre cómo funciona el cerebro humano. Según el autor, de los 11 millones de bits por segundo que recibe el cerebro, menos de 100 intervienen en las conclusiones finales de una persona. El resto de las neuronas se dedica a tareas cotidianas como leer, mantenerse alerta o regular la presión.

Sobre el aprendizaje, el autor cita diversos estudios que indican que las personas desarrollan más la zona cerebral que usan con frecuencia, mientras las áreas menos activas se reducen. Señala que practicar una actividad 30 minutos, 6 días a la semana, resulta preferible a hacerla 3 horas seguidas un solo día. También advierte que quienes no participaron en esas investigaciones se retiraron de la profesión o no llegaron a contarlo, por lo que no conviene generalizar.

El cerebro representa cerca del 2 % de la masa corporal, pero utiliza alrededor del 20 % de la energía disponible. Para el autor, esa demanda explica por qué el órgano tiende a ahorrar esfuerzo. Además, recuerda que en las evaluaciones de medicamentos algunos pacientes mejoran al recibir una sustancia que no contiene el ingrediente activo, fenómeno conocido como efecto placebo.

Cada una de las 86 mil millones de neuronas se conecta con aproximadamente 7 mil más, mediante el intercambio de neurotransmisores que transmiten los impulsos eléctricos. El autor destaca que los dos hemisferios cerebrales muestran cierta independencia, algo que compara con la existencia de dos ojos u oídos. Asimismo, menciona el experimento de Benjamin Libet (1916-1997), que sugiere que el cerebro toma la decisión de mover un dedo antes de que la persona sea consciente de ello.

Sobre la consciencia, el autor utiliza el ejemplo del agua: una molécula por sí sola no tiene densidad ni viscosidad, propiedades que emergen de un número grande de moléculas. Según su planteamiento, algo similar podría ocurrir con la consciencia, a partir de millones de neuronas y de unas 3.8 × 10²⁵ moléculas de agua presentes en el cuerpo. Considera viable que el Universo se analice a sí mismo a través de las personas, idea que se conoce como panpsiquismo.

Para cerrar, el texto recurre a Frank Jackson (1943), quien plantea que alguien que conoce todo sobre el color rojo, pero nunca lo ha visto, aprendería algo al ver por primera vez una manzana roja. También retoma a Richard Feynman (1918-1988), quien prefería vivir con dudas que con respuestas posiblemente equivocadas.

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