Niños de Mariato relatan el terremoto y sus secuelas en escuelas y familias
El sismo de magnitud 7.5 dañó cientos de viviendas y 619 escuelas en Veraguas, Herrera y Los Santos, y deja a miles de menores sin servicios básicos.
Ángel Cedeño, de 13 años, se bañaba en una quebrada con su hermano y su sobrino cuando empezó el temblor del viernes 9 de octubre. Mientras su mamá les pedía desde la orilla que salieran, él quedó atrapado entre unas raíces, con miedo a que el árbol cayera sobre él. Sus familiares lograron subir primero. Después ayudó a su madre a cuidar a los más pequeños, y su padre tardó cerca de medio minuto en salir de la casa.
Esa noche la familia durmió en una loma. Luego se mudó a la casa de un hermano y, en los días siguientes, a unos cuartos que, según Ángel, apenas aguantaban. Ya regresaron a su vivienda, pero las réplicas lo inquietan. Cuando la tierra se mueve de noche, se despierta sobresaltado.
El sismo tuvo magnitud 7.5 y se registró a las 12:56 del mediodía. Su epicentro quedó a unos 39 kilómetros al noroeste de Tonosí, al otro lado de la península de Azuero. El Instituto de Geociencias ha contabilizado más de 700 réplicas. Según el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), unas 600 personas permanecen en 14 albergues, y solo en Veraguas se reportaron 420 viviendas con daños parciales o totales.
El Ministerio de Educación (Meduca) contabilizó 619 escuelas afectadas, de las cuales 35 colapsaron. El ministro Ventura Vega explicó en una conferencia que esos 35 centros educativos ya no existen. La mayoría está en Herrera, siete en Veraguas y una de ellas en Alto de Tebario, en Mariato. El gobierno desplegó 209 ingenieros, arquitectos y técnicos para revisar los planteles, y ninguna escuela pública puede reabrir sin certificación técnica. El año escolar termina el 11 de diciembre, y Meduca evalúa clases virtuales, módulos de aprendizaje o el traslado de estudiantes a centros cercanos.
Ascanio David Vergara, de 12 años, veía televisión junto a su hermanita cuando comenzó el sismo. Según contó, las paredes de su casa se cayeron mientras toda la familia salía. Calcula que la vivienda quedó dañada en un 80 %. Ascanio cursa sexto grado en la escuela de Loma de Quebro y no sabe cuándo podrá volver a clases. Su compañera Helen Rodríguez, de 14 años, dice que en su salón se agrietaron las paredes y en otros se cayeron los cielorrasos.
Unicef sostiene que la niñez está entre los grupos más afectados, porque el terremoto dañó escuelas, centros de salud, viviendas y sistemas de agua al mismo tiempo. El organismo calcula que unos 8,300 menores necesitan ayuda humanitaria. Además, en su informe del 14 de octubre, señaló que cinco comunidades de Los Santos y otras cinco de Herrera seguían incomunicadas. Meduca informó que unos 120 profesionales de psicología y trabajo social brindan acompañamiento emocional, aunque Unicef indica que no hay datos consolidados sobre cuántas personas han sido atendidas.
Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, explicó que el sismo liberó energía acumulada durante unos cien años en el sistema de fallas Azuero-Soná. Mientras tanto, Helen y voluntarios de la Fundación Agua y Tierra organizan un centro de acopio que arma bolsas con víveres para las comunidades. Helen también advierte que en redes circulan rumores falsos, y que la ayuda no siempre llega a quienes más la necesitan.