Un análisis atribuye al giro reformista las derrotas del progresismo latinoamericano
Según el texto, el 78% de los gobiernos de socialdemocracia del último lustro perdieron en las urnas ante la ultraderecha. El autor cuestiona que el hartazgo económico y la inseguridad bastan para explicarlo.
Un artículo de opinión sostiene que, en América Latina, el 78 % de los regímenes de socialdemocracia, conocidos como "progresismo", fueron derrotados en las urnas durante el último lustro por fuerzas de ultraderecha. El autor reconoce que la explicación más extendida apunta al cansancio de la población con la mala administración de la economía y de la seguridad pública, pero considera que esa lectura es demasiado simple.
El texto plantea que el progresismo es, en su origen, la expresión política de la Segunda Internacional y de la socialdemocracia, corrientes que abandonaron la toma revolucionaria del poder y la idea de una dictadura del proletariado. Según el autor, estos movimientos se inclinan por reformas y por la competencia electoral, y por eso solo logran cambios sociales y económicos limitados, sin transformar la relación de explotación con el capital extranjero.
El artículo distingue entre usar las elecciones como herramienta de lucha revolucionaria y tomarlas como único método político. También señala que la derecha y la ultraderecha suelen calificar a sus adversarios de comunistas, terroristas o narcotraficantes, algo que, a su juicio, confunde el debate ideológico. Asimismo, critica a quienes se reclaman herederos de figuras como Mella, Mariátegui y el Che Guevara sin aclarar su posición.
En el plano internacional, el autor describe a varios funcionarios de Estados Unidos, entre ellos Trump, Vance, Rubio y Hegseth, como representantes de una ultraderecha imperialista. Retoma la definición clásica de imperialismo como una etapa del capitalismo marcada por el dominio de los monopolios y del capital financiero, y añade que hoy ese dominio también se extiende a través de la llamada superinteligencia.
El texto concluye que los pueblos que combaten la dominación imperialista deben diferenciar entre el reformismo de sectores pequeñoburgueses y capas medias y la lucha revolucionaria del pueblo trabajador. Es una posición de análisis ideológico, no un informe sobre resultados electorales, y su argumento central se mantiene como postura de su autor.