Una visita a planta de residuos bioinfecciosos deja preguntas sobre transparencia ambiental en Panamá
Una docente de química llevó a sus estudiantes de 10.º grado a conocer el tratamiento de desechos clínicos y reclama más datos públicos sobre emisiones.
Una profesora de química de educación media llevó a sus estudiantes de 10.º grado a una empresa que trata residuos clínicos y bioinfecciosos. La visita formaba parte del trabajo que el curso hace sobre química verde, y su objetivo era acercar esos principios a una realidad industrial del país. Según la docente, los alumnos esperaban encontrar una fábrica común, pero se encontraron con una industria especializada que pocos conocían.
Los estudiantes observaron el proceso de incineración, en el que los residuos se destruyen a temperaturas de entre novecientos y mil grados Celsius, suficientes para eliminar patógenos. También vieron el tratamiento posterior de las cenizas y los protocolos de salud ocupacional que siguen los operarios. Uno de los aprendizajes más importantes fue el manejo correcto de las bolsas rojas. Los objetos punzocortantes deben ir en recipientes rígidos, porque una aguja dentro de una bolsa puede atravesar el plástico y causar una exposición a virus como los de la hepatitis B, la hepatitis C o el VIH.
De regreso al aula, la docente se preguntó por el control de las emisiones. La incineración de ciertos plásticos puede producir compuestos tóxicos como las dioxinas, por lo que estas plantas deben vigilarse. Según el relato, la empresa visitada opera dentro del marco regulatorio panameño y recibe monitoreos de las entidades competentes.
La docente indica que Panamá cuenta con un Sistema Nacional de Información Ambiental de acceso público, y que hace más de diez años se anunció un Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes. Al buscar datos de emisiones de estas plantas, no encontró información presentada de forma comprensible para el público general. Además, mencionó que Chile publica esa información en un portal abierto y que Panamá ratificó en 2020 el Acuerdo de Escazú, que obliga a establecer un registro de ese tipo.
La docente también señala que el manejo de residuos bioinfecciosos no aparece como caso de estudio en el programa de química de 10.º grado del Ministerio de Educación. Además, considera que una visita de este tipo requiere una guía clara para las escuelas, de modo que se realice con los protocolos de bioseguridad necesarios.
Como cierre del proyecto, los estudiantes contrastaron lo observado con la normativa vigente y concluyeron que la empresa cumplía con ella. También construyeron una maqueta de la planta y redactaron ensayos argumentativos. Muchos reconocieron que desconocían la existencia de leyes que regulan estos residuos, y la docente sostiene que la buena gestión de desechos suele pasar desapercibida hasta que ocurre un problema.