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Columnista advierte que el poder en Panamá se acerca a decidir quién habla

Un artículo de opinión sostiene que la administración actual usa etiquetas contra el Suntracs y debilita el debido proceso y la libertad de expresión.

Opinión BULLA, 7:50 p.m. · 2 min de lectura
Columnista advierte que el poder en Panamá se acerca a decidir quién habla

Un artículo de opinión plantea que en Panamá crece una forma de poder que se presenta como encarnación directa de la voluntad popular y, por eso, se considera por encima de los límites legales. Su autor recuerda una inscripción en el Capitolio de Washington sobre la libertad de pensamiento y aclara que la frase, atribuida durante mucho tiempo a Benjamin Franklin, procede en realidad de las Cartas de Catón.

El texto compara esa lógica con la sentencia totalitaria de que la voluntad del Führer es ley. El autor afirma que no busca equiparar épocas ni gobiernos, sino describir cómo la autoridad personal ocupa el lugar de la norma y el derecho deja de limitar al gobernante. También se pregunta qué diferencia real existe entre el régimen de Noriega en los años ochenta y el gobierno actual.

Sobre el presidente, el columnista señala que ha defendido una libertad absoluta de expresión y ha negado que alguien tenga el monopolio de la verdad. Según el autor, esa postura pierde fuerza cuando el poder reparte etiquetas que deshumanizan al adversario.

Como ejemplo, cita que en febrero de 2025 la administración describió al Suntracs como una organización de mafiosos y terroristas y prometió reducirlo a su mínima expresión. Para el autor, la condena política llegó antes que la judicial, mientras la maquinaria estatal todavía investigaba.

El texto recuerda que el debido proceso exige pruebas, defensa, un juez competente y una decisión motivada, y que una conferencia de prensa no puede sustituir a un tribunal. También critica que un abogado ejerza la Presidencia sin aplicar los principios básicos de su profesión.

El autor cita a John Locke, para quien sin Estado de derecho las personas quedan sometidas a voluntades repentinas y desconocidas. Concluye que una mayoría electoral solo autoriza a gobernar, nunca a actuar por encima de la ley, y que cuando la voluntad del jefe pretende convertirse en norma se afecta el futuro del país y la inversión extranjera.

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