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Un columnista panameño describe su estudio lleno de libros y de voces literarias

Para el autor, sus libros funcionan como asesores que aparecen en cada texto. Dice que escribir también consiste en mirar lo que pasa alrededor.

Opinión BULLA, 12:08 a.m. · 2 min de lectura
Un columnista panameño describe su estudio lleno de libros y de voces literarias

El columnista cuenta que su estudio está rodeado de libros, tantos que su esposa considera que sobran. Él prefiere llamarlos asesores literarios. Los ubica encima y debajo del escritorio, en los estantes y en rincones donde ya no recuerda haberlos puesto. Algunos son tan antiguos que siente que debe pedir permiso para abrirlos.

Su rutina empieza frente a la computadora, con las manos sobre el teclado, esperando que llegue una idea. Mientras tanto, según relata, los autores que lo acompañan parecen intervenir en su trabajo. Borges aparece perdido en sus laberintos, García Márquez recorre Macondo, Benedetti parece esperar un tono más sentimental y Neruda convierte una taza de café en una declaración de amor. Mientras tanto, él tiene que entregar una columna a tiempo.

El autor comenta que, en Panamá, las fechas de entrega tienen una relación muy particular con la palabra urgente. Luego recoge las ideas que, a su juicio, le repiten varios escritores. Rogelio Sinán habla de la literatura como una forma de vivir otras vidas, Ricardo Miró describe a Panamá como una patria pequeña, Julio Cortázar sostiene que nada está perdido mientras se acepte que todo lo está, y Eduardo Galeano sostiene que personas pequeñas, en espacios pequeños, pueden cambiar el mundo. También menciona a Octavio Paz sobre la soledad, a Isabel Allende sobre la escritura como terapia y a Rubén Darío sobre la juventud.

El texto da un giro cuando el columnista se dice que debe mirar a su alrededor. Señala que la vida cotidiana ofrece historias de sobra, como una señora que sale a comprar pan y regresa con el resumen de la vida de tres vecinos, o lo que ocurre en una parada de bus. Según él, muchas veces escribir no consiste en inventar algo nuevo, sino en observar y reconocer lo que ya existe.

En su relato, mientras un lector encuentre consuelo, risa o una idea en sus páginas, el escritor sigue sentado a la mesa. Los libros permiten que autores muertos hace más de un siglo acompañen a quien los lee esta noche, aunque afuera llueva, haya tráfico o se haya ido la luz. El columnista aclara, en tono de broma, que una cosa es la inspiración literaria y otra muy distinta la paranormalidad.

A veces le preguntan por qué pasa tanto tiempo encerrado. Los autores que cita nacieron en España, Colombia, Chile, Argentina, Estados Unidos o Inglaterra, y algunos vivieron hace quinientos años y otros hace cincuenta. Por eso, pide a las visitas que, si lo encuentran hablando solo, no se preocupen. El texto termina con una comparación con las reuniones panameñas, donde siempre hay bastante gente opinando.

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