Un oficial de Senafront plantea atender fracturas sociales antes del delito
El autor sostiene que el crecimiento económico no basta si persisten el desempleo, la informalidad y la violencia juvenil. Propone anticipar los problemas en comunidades y escuelas.
Un oficial del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) propone, en una columna de opinión, que la seguridad de Panamá también se analice desde factores menos visibles, como el acceso a oportunidades, la escuela, el empleo y la confianza en las instituciones. Según el autor, esa seguridad empieza a formarse mucho antes de que ocurra un hecho delictivo.
El texto reconoce algunos indicadores positivos. El Instituto Nacional de Estadística y Censo reportó un crecimiento del producto interno bruto de 4.8% en el primer trimestre de 2026. No obstante, la tasa de desempleo total fue de 10.4% en 2025, y el empleo informal se ubica cerca de la mitad de la población ocupada. El Índice de Pobreza Multidimensional bajó de 14.7% en 2022 a 12.4% en 2025, aunque el autor advierte que eso no elimina las desigualdades territoriales y educativas.
En cuanto a los jóvenes, la columna señala que en 2026 hubo episodios de violencia en centros educativos y un aumento de denuncias por delitos cometidos por adolescentes. Al mismo tiempo, el Estado ejecuta programas preventivos que han alcanzado a decenas de miles de jóvenes y familias. Sobre los homicidios, las cifras oficiales preliminares registran alrededor de 400 casos acumulados hasta agosto de 2026.
El autor plantea que no conviene convertir todos los problemas sociales en asuntos policiales. Reconoce que la Policía tiene una responsabilidad fundamental, pero considera que la escuela, la familia, el empleo, la salud y la comunidad también deben atender las causas. Según el texto, una seguridad sostenible combina presencia policial e inteligencia con educación, espacios públicos, justicia accesible, servicios básicos y confianza institucional.
Como propuesta, la columna pide desarrollar una capacidad nacional de anticipación social. Esto implicaría identificar territorios vulnerables, escuchar a las comunidades, detectar factores de violencia y coordinar respuestas tempranas. El autor distingue entre controlar una crisis y evitarla, y advierte que las crisis suelen empezar con fracturas pequeñas que se ignoran o se atienden tarde.