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Un depósito de Chiriquí guardó la música panameña que hoy busca nuevos oyentes

Un grupo de coleccionistas de vinilo, con más de 115 miembros en el país, quiere que los discos de los sesenta y setenta vuelvan a sonar. El auge mundial del formato ayuda.

Opinión BULLA, 7:45 p.m. · 3 min de lectura
Un depósito de Chiriquí guardó la música panameña que hoy busca nuevos oyentes

En 2021 nació en Panamá Vinilo Exchange Panamá, un grupo de WhatsApp dedicado a comprar, vender e intercambiar discos entre amigos. Su objetivo es promover las artes, sobre todo la música en vinilo. Uno de sus cofundadores es Diego Varela, músico del rock panameño, DJ y dueño de una amplia colección de música nacional. El grupo ya supera los 115 miembros en Bocas del Toro, Chiriquí, Veraguas, Colón, Panamá y Panamá Oeste, e incluye a historiadores como Mario García Hudson, coordinador del Centro Audiovisual de la Biblioteca Nacional.

La historia que motiva a esos aficionados comenzó años antes. Según una reseña publicada en 2006 por AllMusic, el coleccionista Roberto Ernesto Gyemant, que vivía entonces en Costa Rica, visitó la ciudad de David, en Chiriquí. Para refrescarse entró a una emisora de radio y preguntó si conservaban discos viejos. Lo llevaron a un cuarto pequeño que servía de depósito, donde había cerca de diez mil discos entre LP y sencillos de 45 revoluciones por minuto.

Gyemant revisó el material durante días y encontró sellos que no conocía, con grabaciones de combos y agrupaciones panameñas de finales de los sesenta y principios de los setenta. De esos sencillos salieron las quince canciones de la recopilación Panama! Latin, Calypso and Funk on the Isthmus 1965-75, publicada en abril de 2006 con el trabajo de Gyemant y del DJ y productor inglés Miles Cleret. El disco salió por Soundway Records, sello independiente que Cleret fundó en Londres en 2002. Era la primera vez que estas grabaciones se editaban fuera de Panamá, con artistas como Papi Brandao y sus Ejecutivos, Los Dinámicos Exciters, Lord Cobra y Victor Boa.

Casi dos décadas después, esa música busca de nuevo público, y los promotores del grupo atribuyen buena parte de ese mérito al regreso del vinilo. Según la IFPI, que agrupa a la industria discográfica mundial, los ingresos por vinilo subieron 13.7% en 2025, el decimonoveno año seguido de crecimiento. En Estados Unidos, la RIAA informó que en el primer semestre de 2026 el vinilo facturó 543.8 millones de dólares en valor mayorista, 17.7% más que un año antes, con 26.5 millones de unidades vendidas. Aun así, el streaming sigue concentrando 82% de los ingresos del periodo.

El interés de los jóvenes por el pasado también crece. Un informe de Luminate de julio de 2026 señala que 60% de los estadounidenses de 13 a 24 años escucha sobre todo música de los noventa o anterior, frente a 18% en 2021. Ese mismo estudio indica que la nostalgia influye en la compra de vinilos para 49% de ese grupo de compradores.

Para los miembros del grupo, el disco físico aporta algo que la plataforma digital no ofrece. Escucharlo implica sacar el disco de su funda, colocarlo en el tocadiscos y leer la contraportada para saber quién tocó cada instrumento. Incluso quienes no tienen tocadiscos compran carátulas y notas para apoyar a los artistas. El vinilo, según esa lectura, convierte el interés en algo concreto que se busca, se compra y se guarda.

El grupo también busca cumplir un papel de intermediario. Un algoritmo recomienda lo parecido a lo que ya se escuchó, pero llegar a los combos nacionales de los setenta exige que alguien muestre el disco o una tienda donde encontrarlo. Entre los miembros hay dueños de emisoras, tiendas de música, ingenieros de sonido, profesores, managers de bandas, DJ y coleccionistas, personas que pueden orientar a un joven que acaba de comprar su primer tocadiscos. Los creadores del grupo piensan que el próximo hallazgo podría aparecer en una emisora de Santiago, en una casa de Bocas del Toro o en un cuarto de Colón.

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