Panamá apuesta por la IA con una estrategia que aún debe probar su ejecución
El plan 2036 busca convertir al país en un centro regional de innovación en inteligencia artificial, pero enfrenta límites de escala, talento e infraestructura.
El Gabinete aprobó el 12 de agosto la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2036, con seis pilares, 53 acciones y la meta de que Panamá sea el centro confiable de innovación en IA de América Latina. El plan descarta entrenar grandes modelos y se concentra en cómputo estratégico, logística, agricultura tropical, salud y biotecnología, educación, finanzas y sector público.
El análisis de ESADE que sirve de base al debate sostiene que la visión y la estrategia ya existen, pero que todavía falta demostrar capacidad de convocatoria y rapidez para ejecutar. Su autor, el profesor Xavier Ferràs, advierte que las organizaciones que no cambian su forma de pensar a tiempo terminan quedando fuera del mercado, y que la inteligencia artificial pone a prueba precisamente esa capacidad de adaptación.
El punto de partida no es favorable. Según la CAF, en 2023 la productividad por trabajador de América Latina equivalía al 27% de la de Estados Unidos, frente al 36% de 1990. La inversión en investigación y desarrollo ronda el 0,56% del PIB regional, mientras que en Estados Unidos alcanza el 3,6% y en Panamá se ubica cerca del 0,16%.
La adopción también muestra brechas. A comienzos de 2026, el 27,5% de las personas de 15 a 64 años usaba IA generativa en países desarrollados, frente al 15,4% en economías emergentes, según Microsoft. En empresas, el 40% de las grandes organizaciones escala agentes de IA, contra el 22% de las pequeñas. Aunque el 80% de los encuestados dice ser más productivo, solo el 37% reporta algún impacto en sus utilidades operativas y el 6% lo describe como significativo. En Iberoamérica, el 59% de las grandes empresas sigue en fase de prueba y apenas el 3,8% ha escalado agentes, por barreras organizacionales más que por falta de acceso.
La propia estrategia tiene límites señalados. Se apoya en 17 centros de datos y de telecomunicaciones privados que aún no cuentan con infraestructura de supercomputadoras. No incluye ciencia de datos ni tecnología blockchain para trazabilidad en cadenas de suministro, persisten restricciones presupuestarias y la alfabetización digital sigue pendiente. Además, un mercado de menos de 4,5 millones de personas no ofrece por sí solo la escala que requiere un centro de este tipo, por lo que el análisis plantea que la integración con Centroamérica y República Dominicana es clave.
El McKinsey Global Institute estima que la IA y la automatización podrían generar en Panamá hasta USD 4.200 millones anuales hacia 2030, pero solo si las organizaciones rediseñan sus flujos de trabajo y se forma talento a gran escala. El Banco Mundial, por su parte, recomienda gobernanza de datos con reglas claras, infraestructura con energía renovable, capital humano mediante reconversión laboral, integración de mipymes y vínculos con el SICA y la Comunidad Andina.
Como mecanismo de seguimiento, el texto propone una instancia público-privada, con un interlocutor denominado CADES-Panamá, que coordine iniciativas y publique cada año un tablero de avance. La conclusión es que el éxito de la estrategia se medirá por el valor económico que logre capturar, no por los anuncios que se hagan.