La historia del kohl, el delineador que une a mujeres desde el Antiguo Egipto
La Unesco incluyó el kohl árabe en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, en una tradición que se remonta a miles de años.
La periodista británico-libanesa Zahra Hankir, que vive en Brooklyn, dice que cada vez que se pone el delineador siente una conexión con su madre, su abuela y mujeres de todo Medio Oriente. Esa relación personal es el punto de partida de su trabajo sobre el kohl, un pigmento oscuro que tradicionalmente se aplica alrededor de los ojos tanto en hombres como en mujeres.
En diciembre pasado, la Unesco, la agencia cultural de la ONU, incluyó el kohl árabe en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Para Hankir, la decisión reconoce una práctica viva que merece protección y no una simple moda. Además, ayuda a documentar los saberes, rituales y artesanías que rodean su fabricación, para que no se pierdan frente al maquillaje comercial.
Según la autora, el kohl tiene raíces en civilizaciones antiguas como Egipto, Mesopotamia y Persia. Recibe distintos nombres según la región: kajal en el sur de Asia, tiro en Nigeria y sormeh en Irán. Tradicionalmente se elaboraba con antimonio, plomo u otros minerales, aunque los productos modernos incluyen otros ingredientes. En el Antiguo Egipto lo usaban personas de todos los géneros y clases sociales, con fines espirituales y de protección de los ojos, y los tarros se enterraban junto a sus dueños.
Hankir considera que la reina Nefertiti pudo ser la primera influencer del delineador. El célebre busto de la reina, hallado en 1912 por un equipo arqueológico alemán encabezado por Ludwig Borchardt, muestra un uso inconfundible del kohl. En Alemania, siglos después, las mujeres intentaban imitar esa apariencia exótica, asociada con belleza, autoridad y empoderamiento.
En sus viajes por Kerala, Chad, México, Jordania y Japón, la autora encontró que el delineador varía en uso y significado, pero que la protección es un hilo común. En Japón habló con geishas que usan delineador rojo como símbolo protector. En la cultura chola mexicano-estadounidense, el delineador representa identidad, resistencia y orgullo. Entre los wadabi de Chad, un grupo nómada fulani, las mujeres juzgan la apariencia de los hombres en un concurso anual de belleza. En Petra, Jordania, hombres beduinos lo usan para protegerse del sol, expresar su fe y, según cuentan, porque los hace ver bien. También marca un rito de paso a la adultez y un signo de soltería.
Hankir sostiene que el reconocimiento de la Unesco tardó en llegar y que da crédito a las comunidades del Sur Global que mantuvieron esta tradición durante siglos, muchas veces frente al desplazamiento, el colonialismo y la pérdida cultural. Para ella, ponerse kohl es casi un acto espiritual y ritual, una forma de conectarse con algo mucho más amplio que trazar una línea en los ojos.