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ECONOMÍA

Cómo un coleccionista justifica invertir en arte frente a la cuenta de ahorros

Un coleccionista con formación en economía y artes plásticas compara rendimientos y propone diversificar con obras de artistas jóvenes.

Opinión BULLA, 7:15 p.m. · 2 min de lectura
Cómo un coleccionista justifica invertir en arte frente a la cuenta de ahorros

Un coleccionista de arte con título universitario en artes plásticas y en economía responde en una columna a quienes preguntan por qué vende sus obras. Según su planteamiento, toda inversión debe generar un retorno que luego se usa o se reinvierte, y vender un cuadro con ganancia es tan natural como vender un terreno por más de lo que costó. La diferencia, dice, es que el arte puede servir también para decorar la casa.

El autor reconoce que, al empezar, sabía que comprar arte era una inversión, pero no tenía con qué compararla. Para medirlo recurre a la regla del 72, que consiste en dividir 72 entre la tasa de interés para estimar en cuántos años se duplica un capital. Con una cuenta de ahorros al 2 % de interés, $100 tardan unos 36 años en convertirse en $200. Con un plazo fijo que paga 5 %, el mismo monto se duplica en unos 14.4 años.

Sobre el riesgo, la columna sostiene que toda inversión lo tiene, pero que es más manejable de lo que se cree. Según el autor, el mayor peligro está en comprar por gusto o por corazonada sin conocer el producto. Su propia falta de experiencia en inversiones, afirma, quedó compensada por su formación en arte. También señala que mantener una obra cuesta menos que mantener un terreno o un apartamento.

Para invertir, el texto recomienda primero definir qué dinero puede destinarse sin afectar los gastos básicos. Como ejemplo, plantea dejar $400 en la cuenta de ahorros e invertir $600 en obras de tres artistas con potencial. También propone diversificar, es decir, no concentrar todo el capital en una sola compra.

El criterio central para identificar potencial, según la columna, es saber si la persona se dedica de forma profesional a crear arte, porque quien persiste en ello suele tener talento. El autor sugiere que los artistas jóvenes con algo de reconocimiento y una trayectoria por delante pueden formar parte de un portafolio. Afirma que, con las tasas actuales, el dinero en una cuenta de ahorros tardaría cerca de 100 años en duplicarse, y que el riesgo de comprar obras de un artista joven con cierto renombre, con inversiones de $150 a $1,000, es muy bajo. La pieza no aporta datos de mercado que respalden esas estimaciones.

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