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Julia Regales relata el allanamiento de su editorial y el exilio que vino después

Casi cuatro décadas después, la psicóloga y editora cuenta cómo la persecución del régimen de Noriega la obligó a dejar Panamá y a su hijo de siete años.

Opinión BULLA, 10:45 p.m. · 2 min de lectura
Julia Regales relata el allanamiento de su editorial y el exilio que vino después

Julia Regales de Wolfschoon publica por primera vez su testimonio sobre lo ocurrido en octubre de 1987, cuando militares vestidos de civil allanaron y saquearon su editorial durante la dictadura de Manuel Antonio Noriega. La persecución que siguió la obligó a salir del país, dejando atrás a su hijo, que tenía siete años.

Regales era psicóloga y dirigía suplementos educativos. Asesoraba la sección Revista de La Prensa y era dueña de la editorial JRW, S.A. Participaba en la oposición al régimen militar como democratacristiana. El 10 de julio de 1987, asistió a una concentración pacífica convocada por la Cruzada Civilista Nacional cerca de la iglesia del Carmen. Las unidades antimotines de las Fuerzas de Defensa, conocidas como los Dobermans, respondieron con gases lacrimógenos, perdigones, golpes y detenciones. Ese día quedó en la memoria como el Viernes Negro.

La Prensa estaba bajo censura previa. El 21 de julio circuló la separata Nunca más, que denunciaba torturas contra detenidos en la Cárcel Modelo. Regales cuenta que la preparó, aunque no llevaba su nombre. Cinco días después, las Fuerzas de Defensa ocuparon el diario y ordenaron su clausura.

El 20 de octubre, agentes entraron en la editorial, ubicada en la avenida Justo Arosemena. Como ella no estaba allí, detuvieron a varias personas que trabajaban con ella, entre ellas sus socios chilenos Anita y Rein Blumenberg, quienes dirigían la escuela Nueva Acrópolis en el mismo edificio. También fueron detenidos personal de secretaría, de ventas de publicidad y un joven diseñador. Horas después regresaron con un camión, vaciaron las oficinas y saquearon la escuela. Al diseñador lo arrojaron al mar y tuvo que nadar hasta la isla de Coiba, entonces sede de una colonia penal. Los Blumenberg fueron deportados con la ropa que llevaban puesta.

Las amenazas llegaron después a su casa, y la familia dejó de dormir allí. Regales se reunió con el mayor Madriñán, del Departamento Nacional de Investigaciones, y también buscó la intercesión de Fernando Manfredo, entonces subadministrador del Canal. Finalmente salió por carretera hacia Costa Rica, en un automóvil privado, y siguió hasta San José, casi sin dinero. Dejó a su hijo y a su familia en Panamá. En Costa Rica consiguió espacio en un periódico para hacer suplementos especiales y ayudó a su familia desde allá. También trabajó por la democracia en otros países de Centroamérica, dictando cursos y organizando seminarios. Regresó a Panamá antes de las elecciones de 1989.

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