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Inteligencia artificial: la brecha entre herramientas y capacitación en las empresas

El rector de la Universidad del Istmo plantea que las organizaciones deben desarrollar capacidades para aprender con la tecnología, no solo adoptarla.

Opinión BULLA, 8:45 a.m. · 2 min de lectura
Inteligencia artificial: la brecha entre herramientas y capacitación en las empresas

El rector de la Universidad del Istmo y presidente de la Asociación de Universidades Particulares de Panamá publicó una columna en la que cuestiona qué significa hoy estar preparado para trabajar. Según su planteamiento, la experiencia y el dominio de procesos ya no bastan. A su juicio, la clave está en aprender rápido, adaptarse y tomar decisiones con criterio mientras las herramientas y las profesiones cambian.

Para sustentar su análisis, cita el Work Trend Index de Microsoft y LinkedIn. De acuerdo con ese estudio, en 2024 el 75% de los trabajadores del conocimiento encuestados en el mundo ya usaba inteligencia artificial en sus labores. Sin embargo, solo el 39% de esos usuarios había recibido capacitación de parte de su empresa.

El autor sostiene que esa diferencia revela una brecha. Las organizaciones, según explica, están incorporando plataformas antes de desarrollar las capacidades para usarlas. Contratar una herramienta puede tomar pocos días, pero preparar a un equipo para entender sus alcances, evaluar resultados y aplicarla con responsabilidad exige una estrategia de aprendizaje continuo.

También menciona el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, que ubica el pensamiento analítico, la adaptabilidad, la creatividad, la comunicación y la disposición para aprender entre las habilidades que más crecerán en importancia hacia 2030. El mismo informe destaca la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo y la curiosidad.

En cuanto a las generaciones, el columnista advierte que suele asumirse que los jóvenes dominan la tecnología y que las personas con más trayectoria tienen más dificultad para adoptarla. Considera que esas etiquetas desperdician talento, porque la disposición para aprender y la resistencia al cambio aparecen en todas las edades. Para él, el intercambio entre experiencia y curiosidad amplía la capacidad de innovar de una organización.

El texto también señala que la responsabilidad recae en los líderes empresariales, que deben integrar el aprendizaje a la jornada laboral y establecer criterios sobre privacidad, ética y calidad de la información. Desde la educación superior, el autor afirma que las universidades deben formar personas capaces de adaptarse a herramientas que aún no existen. La pregunta que plantea a los líderes es si están incorporando inteligencia artificial o construyendo una organización capaz de aprender con ella.

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