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Hace 20 años, el bus 8B-06 se convirtió en un infierno con 18 muertos

Sobrevivientes y familiares de la tragedia del 23 de octubre de 2006 reclaman cambios en el transporte público y justicia para las víctimas.

Redacción Nacional, 12:05 p.m. · 2 min de lectura
Hace 20 años, el bus 8B-06 se convirtió en un infierno con 18 muertos

El 23 de octubre de 2006, el autobús 8B-06, de la ruta Mano de Piedra hacia el Corredor Norte, se incendió en la calle Martín Sosa, frente a la iglesia Hosanna. Iban a bordo 45 personas. El fuego dejó 18 muertos, cinco heridos de gravedad y varios lesionados leves. Según se informó, las llamas elevaron la temperatura del vehículo a unos 400 grados centígrados, y la tragedia se convirtió en la mayor desgracia del transporte colectivo en esos años.

El recorrido, calculado en una hora y 15 minutos, parecía normal hasta que los pasajeros empezaron a sentir un calor que aumentaba con el tiempo. Al detenerse en el punto del incendio, el bus se volvió una masa de fuego. Algunas personas lograron salir por las ventanas, y una de ellas rompió un cristal para sacar a un hombre atrapado.

Entre los sobrevivientes está Lidia Atencio, enfermera que trabajaba en cuidados intensivos del Hospital del Niño. Ella tomó el 8B-06 porque parecía más rápido que otra ruta, y hoy tiene secuelas en cerca de 30 % de su cuerpo. Requiere cremas y acondicionadores de aire, y sufre problemas pulmonares y estomacales. Luis Contreras, quien viajaba rumbo a comprar un dulce para el cumpleaños de su esposa, también conserva lesiones y dificultades respiratorias, y afirma que una persona desde afuera lo sacó del bus.

La tragedia también dejó hondas heridas familiares. Edgar Escartín perdió a su esposa Zuleika y a sus hijos Alvin, de ocho años, y Josué, de cuatro. Ellos iban a una escuela de fútbol en Ancón, y él los buscó por varios hospitales y cuerpos de seguridad sin encontrarlos. Hoy dirige una escuela de fútbol que lleva las iniciales de sus familiares. Margarita Sepúlveda, junto con su entonces esposo Jorge Luis Núñez y su hijo pequeño, también viajaba en el bus. Núñez rompió una ventana para ayudar a otros pasajeros y murió dos años después en un asalto.

Las investigaciones y los testimonios dejaron ver fallas graves. Según los sobrevivientes, el 8B-06 no tenía puertas de emergencia y sus ventanas apenas se abrían, lo que impedía salir a personas de cierto peso o estatura. El vehículo fue adquirido entre 1999 y 2004 con financiamiento del Banco Nacional, como parte de un plan de modernización del transporte que incluyó numerosas unidades de ese tipo.

Veinte años después, las víctimas sienten que el Estado no las ha atendido y que poco ha cambiado en el transporte público. David Ramírez, quien perdió a su hijo en el siniestro y fue director de Educación Vial de la Autoridad de Tránsito entre 2014 y 2019, impulsó una semana de educación vial en octubre para que la fecha no se olvide. Los sobrevivientes aseguran que su lucha continúa para que una tragedia así no se repita.

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