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Un columnista cuestiona si Panamá actúa como república más allá de su nombre

Según una reflexión de opinión, ser república exige más que estar escrito en la Constitución, pues se demuestra en la práctica y en la participación ciudadana.

Opinión BULLA, 9:30 p.m. · 2 min de lectura
Un columnista cuestiona si Panamá actúa como república más allá de su nombre

Un columnista se pregunta si Panamá se comporta como república, pues en el papel lo es, pero él mismo no está seguro de que la práctica responda a ese nombre.

Para sustentar su reflexión, recurre a la historia. Recuerda que Cicerón ya destacaba la importancia de un régimen orientado al bien común y al equilibrio entre sus partes. También ubica el origen de la República romana temprana en el siglo VI a. C., tras la expulsión de Tarquinio el Soberbio, y menciona el lema SPQR. Como lectura recomendada, sugiere un libro de Mary Beard sobre la antigua Roma.

El autor plantea la necesidad de un republicanismo radical, es decir, de atender la raíz de los problemas, que según describe no son uno solo sino varios. Entre ellos señala la poca efectividad de la participación del pueblo en la toma de decisiones. Advierte, además, que la democracia representativa puede degenerar en demagogia cuando los políticos prometen una cosa en campaña y hacen otra una vez elegidos.

Sobre el concepto de república, explica que en Occidente se asocia con la moderación y con los límites al poder absoluto. Surgió históricamente como una forma de frenar al rey y evitar la tiranía. Recuerda que América Latina tiene una larga historia de tiranos y dictadores, retratados por su literatura, y recomienda obras como El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, y Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos. Según el columnista, algunos gobernantes, aunque fueron elegidos democráticamente, parecen añorar esos tiempos, y hoy se ven rasgos autoritarios.

La palabra república viene de res publica, la cosa pública. Para el autor, eso significa que lo público debe estar en el centro del debate, que el Estado debe satisfacer necesidades colectivas, garantizar derechos, poner límites efectivos al poder y permitir que la población participe de verdad en las decisiones. Concluye que no basta con llamarse república en la Constitución o en los discursos oficiales, pues eso se construye y se demuestra en la práctica diaria, en la fortaleza de las instituciones y en la capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos de todos.

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