Geólogos estudian fallas, deslizamientos y cambios del terreno tras el terremoto en Azuero
El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá recopila datos en campo para orientar futuras reconstrucciones en la región.
El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá realiza estudios de campo en las zonas afectadas por el terremoto. El objetivo es identificar cambios en la topografía, documentar los desplazamientos del terreno y reunir información que sirva para planificar las reconstrucciones.
Arkín Tapia, jefe de la Red Sísmica del Instituto, explicó que los especialistas se dividieron en dos grupos. Uno usa drones para levantar datos sobre las características geológicas y morfodinámicas del suelo. El otro instala más estaciones sísmicas en la región de Azuero, lo que permitirá estudiar mejor las réplicas y construir un catálogo sísmico más completo. Si ocurre otro evento importante, esos instrumentos podrían registrar las aceleraciones del suelo, un dato clave para tomar decisiones sobre la reconstrucción.
Según el geólogo, la distribución de las réplicas permite estimar el tamaño de la ruptura de la falla. De forma preliminar, la ruptura podría abarcar entre 170 y 180 kilómetros, e incluso algo más. Tapia explicó que se trata de un movimiento oblicuo, con una componente lateral y otra vertical. Por eso, en algunos sectores pueden aparecer bloques de terreno levantados o hundidos, con escalones y cambios visibles en la superficie. Como ejemplo, citó el puente sobre el río Oria, donde se registró un desplazamiento lateral que, a su juicio, evidencia el movimiento de la falla.
Uno de los propósitos del trabajo es elaborar una cartografía detallada de las áreas impactadas. Con ella se busca precisar dónde están las fallas y qué implicaciones tienen para la construcción. Tapia advirtió que podría haber edificaciones levantadas sobre una falla o cerca de estructuras geológicas con desplazamiento. Por ello, considera importante identificar los lugares donde escuelas, hospitales y otras instalaciones puedan ubicarse de forma más segura. Mencionó que en algunos países, como Nicaragua en el caso de Managua, se mantienen libres de construcciones las zonas con fallas identificadas, ya que el movimiento de una falla puede dañar edificios incluso sin que ocurra un terremoto.
Las inspecciones también documentan inestabilidades de ladera en zonas montañosas de Azuero y otros puntos elevados. Tapia explicó que la amplificación del movimiento sísmico en lugares altos puede aumentar las vibraciones del terreno y favorecer los deslizamientos. Entre los casos mencionados figuran el cerro Los Picachos de Olá y La India Dormida, en el Valle de Antón.
Sobre las inundaciones reportadas en Isla Cañas, el geólogo planteó como hipótesis que el terreno se haya hundido en relación con su entorno, un proceso conocido como subsidencia. Eso habría permitido que el mar avanzara tierra adentro y cubriera terrenos de cultivo. Aclaró que todavía debe evaluarse, y que los sedimentos de las corrientes marinas y del río Tonosí podrían modificar el terreno con el tiempo. Recordó además que el terremoto de 1913 en esa región también provocó un pequeño tsunami.
En cuanto al aumento de temperatura reportado en los pozos termales del Valle de Antón, Tapia indicó que no cuenta con información suficiente para medir la magnitud del cambio. Recomendó llevar un registro periódico para saber si las variaciones se mantienen en el tiempo. También se refirió a las burbujas observadas en un cuerpo de agua en La Pitaloza, que relacionó con un posible proceso de licuación del suelo. Según su planteamiento, la fricción asociada al movimiento de la falla podría generar puntos calientes en algunos sectores.
Las evaluaciones de campo y la instalación de instrumentos sísmicos buscan ampliar el conocimiento sobre los efectos del terremoto y aportar datos a las autoridades para sus decisiones.