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Familias de Isla Cañas en albergue enfrentan una fuerte carga emocional tras el terremoto

Tener comida y un lugar para dormir no basta, según el administrador de Turismo en Los Santos, que pide acompañamiento psicológico voluntario.

Redacción Nacional, 6:19 p.m. · 2 min de lectura
Familias de Isla Cañas en albergue enfrentan una fuerte carga emocional tras el terremoto

Las familias de Isla Cañas, en la provincia de Los Santos, dejaron su comunidad tras el terremoto y hoy viven en un albergue donde ya cuentan con alimentos, agua y carpas para dormir. Sin embargo, quienes coordinan la atención advierten que esas necesidades básicas no alcanzan para devolverles la tranquilidad, porque el desplazamiento también golpea su bienestar emocional.

Daniel Pérez, administrador provincial de la Autoridad de Turismo de Panamá en Los Santos, lleva casi dos semanas al frente de la organización del albergue. Explicó que, en los primeros días, la prioridad fue conseguir comida, agua, carpas, colchones y un espacio seguro. Según indicó, esas necesidades se han podido cubrir gracias al apoyo de instituciones, empresas y ciudadanos.

Con el paso de los días, dijo, surgió una preocupación que requiere atención urgente: la salud emocional de los damnificados. Pérez señaló que esta población estaba acostumbrada a vivir cerca del mar, rodeada de sus tradiciones y vecinos. Ahora, las familias pasaron de dormir en sus ranchos a permanecer en carpas calurosas, compartir baños y comedores con decenas de personas. Los niños perdieron temporalmente sus rutinas, los adultos se preocupan por sus viviendas y medios de vida, y los adultos mayores deben adaptarse a condiciones muy distintas.

El funcionario también describió los retos de operar un albergue. Hay que coordinar agua, baños, cocina, lavandería, recolección de desechos, seguridad, inventarios y espacios para niños y mascotas. Todo esto ocurre entre lluvias constantes, calor, mosquitos y limitaciones de infraestructura, además del cansancio acumulado, la falta de privacidad y la incertidumbre sobre el regreso a sus comunidades.

Ante ese panorama, Pérez pidió el apoyo voluntario de psicólogos y profesionales de la salud mental. Explicó que la atención debe priorizar a niños y adultos mayores, sin dejar de lado al resto de la comunidad, con el objetivo de manejar el estrés, fortalecer la convivencia y recuperar rutinas. Aclaró que su mensaje no es una crítica a las instituciones, a las que agradeció junto a la empresa privada y a los voluntarios. También reconoció que otras familias damnificadas enfrentan situaciones más difíciles y que, en ese albergue, por ahora nadie se queda sin comida ni sin lugar donde dormir.

Pérez insistió en que una emergencia no termina cuando las personas tienen techo y alimentos. Por eso, considera necesario ayudarles a recuperar su tranquilidad, sus vínculos comunitarios y su forma de vida.

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