Especialista israelí pide una estrategia regional integrada para la crisis del agua en Azuero
Diego Berger, de Mekorot, plantea que reparar las potabilizadoras no basta y que la región necesita un sistema que conecte fuentes y gestión.
Un especialista israelí advirtió que la crisis del agua en Azuero exige soluciones que van más allá de reparar las plantas potabilizadoras. La emergencia, que se mantiene desde 2025, puso a prueba esas instalaciones y dejó al descubierto una falla de fondo en la manera en que se administra el recurso hídrico, según Diego Berger, coordinador de Proyectos Internacionales de Mekorot, la compañía nacional de aguas de Israel.
Tras tres días de visitas a la región, Berger recorrió la zona junto a representantes del Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Salud y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales. El equipo revisó plantas potabilizadoras y conoció los problemas operativos que afectan el abastecimiento. Como recomendaciones preliminares, propuso ajustes en los procesos de tratamiento y controles más firmes sobre la calidad del agua.
Berger sostuvo que la gestión es el principal punto débil. Según él, varios organismos administran el agua en la zona por separado, y la región necesita una estrategia que integre las fuentes disponibles y las necesidades de las comunidades, en lugar de respuestas aisladas para cada instalación o población. La propuesta consiste en conectar agua superficial y subterránea en una red que abastezca a centros urbanos, comunidades rurales, agricultura y ganadería.
Otro riesgo señalado es la dependencia de una sola fuente. Como referencia, mencionó que las directrices de diseño que conoce en Israel exigen dos fuentes independientes, cada una capaz de cubrir el 60% del consumo de una ciudad, para tener una alternativa si una falla.
La protección de las cuencas también forma parte del problema. Durante la visita a Macaracas, el equipo identificó zonas con criaderos de cerdos y otras actividades agropecuarias. Berger advirtió que hay que evaluar en conjunto dónde se desarrollan esas actividades, el uso del suelo, las necesidades de la población y la disponibilidad futura de agua. Añadió que también se registran problemas de calidad en aguas subterráneas en lugares donde no hay criaderos, por lo que reducir la situación a una sola actividad sería insuficiente.
Berger rechazó la idea de que Panamá carezca de agua. Comparó el promedio anual de precipitaciones de Israel, de unos 400 milímetros, con los cerca de 1,500 milímetros que mencionó para la zona seca panameña. El asunto, dijo, es cómo gestionar ese recurso en beneficio de todos.
En el plano doméstico, cuestionó que muchos usuarios no tengan presente cuánta agua consumen y atribuyó parte del problema a un modelo de cobro que no incentiva suficientemente el ahorro. En Panamá, explicó, los usuarios pagan por la conexión y no necesariamente conocen su consumo, aunque exista medición.
Las recomendaciones inmediatas se concentran en ajustar el tratamiento, sobre todo el filtrado, para mejorar la calidad del agua que sale de las plantas. Berger afirmó que algunas medidas pueden empezar de inmediato y pidió también garantizar condiciones adecuadas para el mantenimiento de las instalaciones.
La visita no cierra la búsqueda de una solución. Mekorot entregará sus recomendaciones y se prepara una propuesta para definir cómo continuará la asistencia a Panamá. Según Berger, la solución de fondo pasa por un proyecto regional que integre fuentes, plantas de tratamiento y redes de distribución.