Autor advierte que la corrupción amenaza la democracia en América Latina
Un texto de opinión repasa las dictaduras del siglo XX, los vaivenes políticos recientes y el reto de convertir el voto en mejor calidad de vida.
Un texto de opinión plantea que América Latina cambia de rumbo político como un péndulo, sin sanar sus heridas de fondo. Según el autor, cada generación cree vivir un momento único, y aunque los liderazgos y las ideologías que dominan la región sí cambian, el problema de base sigue presente.
El artículo recuerda que el siglo XX estuvo marcado por dictaduras de todo signo. Menciona las dinastías personalistas de Trujillo en República Dominicana, los Somoza en Nicaragua, Duvalier en Haití y Batista en Cuba, así como las juntas militares de Pinochet, Videla y Stroessner en el Cono Sur. También incluye el triunfo de la revolución cubana en 1959 y a militares de discurso nacionalista, como los de Velasco en Perú y los gobiernos militares en Panamá. Para el autor, la dictadura no responde a una sola ideología.
Según el texto, hacia finales del siglo XX volvieron las urnas y casi toda la región pasó a vivir en democracia. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI una ola de gobiernos de izquierda derivó, en varios países, hacia el autoritarismo. El caso de Venezuela es el más citado: de acuerdo con el artículo, el régimen sigue en pie tras la caída de Nicolás Maduro, y la dirigente María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, no puede regresar al país.
El análisis observa que, en años recientes, votantes de Argentina, Chile y Bolivia castigaron en las urnas a gobiernos que consideraron incapaces de responderles. El autor califica esa alternancia como una señal de que la democracia funciona, aunque advierte que el nuevo giro no debe repetir los errores del anterior.
La principal crítica del artículo es que, pese a vivir en democracia, muchas personas siguen esperando horas en hospitales sin medicinas, envían a sus hijos a escuelas en mal estado y no tienen agua en sus casas mientras los presupuestos públicos crecen. Para el autor, la democracia devolvió el voto, pero no siempre mejoró la calidad de vida. Propone un Estado que ofrezca educación, salud, seguridad y reglas claras, sin controlarlo todo y sin abandonar a quienes tienen menos oportunidades.
El enemigo señalado es la corrupción, que el texto describe como un mal que se adapta a cualquier ideología y desvía recursos que podrían convertirse en medicinas, aulas y oportunidades. Según el artículo, además, erosiona la fe ciudadana en la democracia, lo que puede abrir espacio a la nostalgia por los hombres fuertes.
Como respuesta, el autor propone transparencia en el gasto público, fiscalización de cada contrato, una carrera pública basada en el mérito y justicia igual para todos. También plantea enseñar a las nuevas generaciones que votar es solo una parte de la ciudadanía, que incluye vigilar la gestión de los gobiernos.