El otro Panamá que sufre el terremoto: campo, pobreza y trabajo informal
Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos dependen del campo y del trabajo por cuenta propia, y sus familias tienen menos recursos para recuperarse del sismo de magnitud 7.5.
Las provincias de Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos están lejos de los rascacielos, los puertos y la banca de la capital. Su economía descansa, en buena medida, en la agricultura y en el trabajo independiente, y muchas de sus familias viven con ingresos que cambian de un mes a otro.
Las imágenes del terremoto de magnitud 7.5 que sacudió a Panamá el pasado 9 de octubre muestran casas de bloques con techos de tejas o zinc, levantadas en parcelas donde también se cultiva la tierra. Son viviendas que se fueron construyendo poco a poco, al ritmo del crecimiento de cada familia. En comunidades como Tonosí, en Los Santos; Mariato, en Veraguas, y Pitaloza, en Herrera, los daños reportados evidencian qué tan vulnerables son estas poblaciones cuando deben recuperarse de una emergencia con recursos limitados.
La pobreza multidimensional es otro factor que marca la diferencia con la capital. Según el Índice de Pobreza Multidimensional 2025, en Veraguas la incidencia llega al 12.2%, es decir, 29,951 personas. En Coclé alcanza el 9.9%, con 26,743 personas afectadas. En Los Santos es de 4.9%, equivalente a 4,362 personas, y en Herrera de 3%, lo que suma 3,514 personas.
El Estado mide 17 carencias, y una persona pobre en estas provincias suele enfrentar alrededor de seis al mismo tiempo, como empleo precario, dificultades para acceder a la salud, bajo nivel educativo, problemas con la recolección de basura o una vivienda deficiente.
El informe de empleo de 2026, elaborado por el Inec, muestra que en agosto el desempleo superaba el 9% en todo el país. En Coclé fue de 5.5%, en Los Santos de 3.4% y en Veraguas de 8.1%. Sin embargo, una tasa más baja no garantiza mejores condiciones de vida, porque el empleo informal, el trabajo por cuenta propia y las actividades agropecuarias pesan mucho en estas provincias. Fuera de las cabeceras de Las Tablas, las comunidades de Tonosí y Macaracas tienen dificultades para encontrar empleo formal y para acceder a servicios especializados.
Después de un desastre, el efecto no termina cuando deja de temblar. Si la vivienda queda dañada, si una vía se afecta o si la producción se detiene, el ingreso de la familia puede desaparecer. A diferencia de un trabajador con salario fijo, quien trabaja por cuenta propia suele no tener vacaciones pagadas ni protección por incapacidad, ni otra fuente de dinero mientras se recupera. El golpe también puede extenderse a la producción, el transporte, el abastecimiento y el comercio local de estas zonas.