Septiembre termina, pero el reto del Alzheimer sigue vigente
Una investigadora panameña plantea que la prevención, la investigación y el apoyo a las familias deben sostenerse durante todo el año.
Con la llegada del Mes Mundial del Alzheimer, en septiembre, la atención se concentra en una condición que golpea a millones de personas y cambia la rutina de hogares y comunidades. La investigadora y directora ejecutiva de Cevaxin, quien también integra Ciencia en Panamá, sostiene que la urgencia de prevenir, investigar y adaptarse a esta enfermedad no se acaba cuando termina el mes.
El envejecimiento de la población ha colocado la demencia entre las prioridades sanitarias a nivel global. Según el texto, al aumentar la esperanza de vida se prevé un crecimiento en el número de personas afectadas por el Alzheimer y otras demencias, lo que supondrá más desafíos para las familias, los sistemas de salud y las sociedades.
En el terreno de los tratamientos, los anticuerpos monoclonales que actúan contra la patología cerebral han demostrado que pueden modificar parte del avance de la enfermedad. Sin embargo, los beneficios registrados hasta ahora son modestos, y estos fármacos presentan limitaciones y costos elevados. Por ese motivo, la investigación sobre conductas y enfoques no farmacológicos gana terreno, con foco en lo que puede hacerse a lo largo de la vida para proteger la salud del cerebro.
Para Panamá, la autora considera necesario impulsar modelos de envejecimiento saludable que sean eficaces, accesibles y económicamente sostenibles, tanto para la demencia como para el resto de enfermedades asociadas a la edad. Según su planteamiento, la prevención y la reducción de riesgos deben ocupar un lugar central en ese debate.
La salud cerebral depende de múltiples factores a lo largo de la vida, entre ellos la actividad física, la salud cardiovascular, la vida social, el sueño, la educación y el bienestar emocional. El texto reconoce que no todos los riesgos están bajo control y que ninguna medida garantiza evitar el Alzheimer, aunque crear entornos que favorezcan decisiones más saludables puede beneficiar a toda la población.
Entre las propuestas planteadas están respaldar políticas y programas que mejoren la calidad de vida de las personas con demencia y de sus cuidadores, invertir en investigación y prevención, construir comunidades centradas en las personas y ampliar el acceso a herramientas que ayuden a envejecer con mejor salud y mayor conexión con los demás.