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Panamá necesita educación sísmica permanente, no solo tras un temblor

El reciente sismo reabrió la discusión sobre cómo prepararse, con propuestas para escuelas, hogares y comunidades.

Opinión BULLA, 10:12 p.m. · 2 min de lectura
Panamá necesita educación sísmica permanente, no solo tras un temblor

El reciente sismo que sacudió Panamá alteró la rutina en cuestión de segundos, provocó evacuaciones y dejó preguntas sobre si la población sabe cómo actuar, dónde están las zonas seguras y si ha practicado qué hacer en casa, en la escuela o en el trabajo. El planteamiento central es que la respuesta no depende solo de los organismos de emergencia, sino de una ciudadanía informada y de una educación que convierta las recomendaciones en hábitos.

Un terremoto no puede predecirse con exactitud, por eso la recomendación es reconocer los riesgos, actuar con calma y seguir las indicaciones oficiales. La información verificada ayuda a proteger, mientras que los rumores pueden generar pánico y decisiones peligrosas.

En las escuelas, la propuesta es que los estudiantes reciban explicaciones adaptadas a su edad, practiquen rutas de evacuación, identifiquen salidas y puntos de encuentro, y participen en simulacros que permitan corregir errores. Los docentes, según el texto, necesitan capacitación y protocolos claros sobre quién coordina la respuesta, cómo se contabiliza al alumnado, cómo se atiende a niños pequeños o personas con discapacidad y cómo se informa a las familias.

En el hogar, se sugiere acordar un plan familiar, definir un punto de encuentro y preparar una mochila con agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, baterías, botiquín y documentos importantes. También se recomienda asegurar muebles y saber cómo cortar los servicios cuando sea seguro hacerlo.

Durante un sismo, la orientación general es mantener la calma, agacharse, cubrirse y sujetarse bajo una mesa resistente, protegiendo cabeza y cuello, y alejarse de ventanas y objetos que puedan caer. En la calle, conviene apartarse de edificios, postes y cables eléctricos. Después, no deben usarse ascensores ni regresar a estructuras dañadas hasta que las autoridades confirmen que es seguro.

El texto insiste en que la información debe llegar de forma sencilla a comunidades rurales, pueblos indígenas, personas mayores y personas con discapacidad, a través de la radio, las escuelas, las juntas comunales, los centros de salud y las organizaciones locales, porque las redes sociales por sí solas no bastan. Además, plantea que el sismo impulse una revisión de edificios e infraestructuras, ya que la educación ciudadana no sustituye la construcción responsable, las normas técnicas ni las inspecciones profesionales.

Entre las entidades mencionadas figuran el Sistema Nacional de Protección Civil, el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, los bomberos y el sistema educativo. La propuesta es que los simulacros midan tiempos, detecten fallas y mejoren los protocolos, en lugar de convertirse en un acto protocolar.

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